Asesinaron a golpes a una abogada jubilada

Todavía no se sabe si entraron por la puerta principal con un juego de llaves; si redujeron a la dueña cuando ella salió a la calle (cuentan que solía hacerlo de noche para pasear al perro) o si se metieron a través de una ventana trasera cuya persiana de plástico quedó forzada y mantuvieron abierta con la ayuda de un palo, algo que resultaría demasiado “burdo” como para no sospechar de una escena “montada”. No es ésta la única duda entre los investigadores del crimen de Mabel Angélica Bonelli, una abogada de 68 años que ayer a la mañana fue encontrada muerta a golpes en su casa de la zona de la Terminal. Las habitaciones estaban revueltas, aunque no está confirmado que se hayan llevado algo (¿el montaje de un robo, otra vez?). El perro –su único y fiel compañero- estaba al lado del cadáver, vivo y tranquilo, pese a que las pocas personas que entraban regularmente a la casa aseguran que no es una mascota precisamente amigable. Por todo esto es que el caso, aunque reciente, ya se presume como complicado de resolver. Y en eso están por estas horas los investigadores del gabinete de Homicidios de la DDI La Plata y los de la comisaría Segunda, todos bajo la instrucción del fiscal Marcelo Martini.

Bonelli estaba jubilada, era soltera y vivía sola en la finca que había sido de sus padres, ubicada en el 838 de la diagonal 74, entre 3 y 4, a metros de la Terminal de Omnibus. Tenía varias propiedades en nuestra ciudad (incluido el local lindero, donde funciona una fábrica de sándwiches), Ensenada y Capital Federal. “Desde hacía un mes había dos pintores trabajando en la casa”, dijo a Trama Urbana el dueño de ese comercio, Diego, aclarando que “Mabel conocía a estos hombres desde hacía 15 años y también los contrataba para refacciones en otras propiedades”.

Se trata de Alberto Centeno (57) y Eduardo Julián Carnevaris, quienes a eso de las 8 de la mañana de ayer llegaron a la vivienda de diagonal 74 para hacer su trabajo y descubrieron que la puerta del garaje (por donde se accede, en una entrada imperial) estaba abierta. En rigor, se encontraba cerrada, pero sin llave. Y como uno de ellos tenía un juego, ingresaron después de tocar varias veces el timbre sin obtener respuesta. 

En el garaje estaba el  Renault 18 (VQN 587) de Bonelli, y, sobre el capot las llaves de la casa. Desde allí enfilaron para la finca y apenas pasaron por puerta vidriada marrón que comunica con el living, vieron el cuerpo de la jubilada tirado en el piso. Vestida con un conjunto de jogging negro, medias polainas rosas, zapatillas Reebok blancas con vivos rosas y negro, yacía boca abajo sobre el charco de su propia sangre. Estaba entre la mesita del teléfono y un sillón de tres cuerpos beige, con la cabeza por debajo y al lado de un tonel que sería de base para una planta artificial.

En una mano el tubo del teléfono con manchas de sangre. Y más sangre, a modo de spray, en una pared y en una frazada sobre el sillón. ¿La sorprendieron cuando estaba tirada mirando la tele? ¿Intentó pedir ayuda? ¿Volvieron a golpearla cuando ya estaba en el piso? (las salpicaduras en el muro permiten suponer eso). ¿Y con qué lo hicieron?

Según la autopsia, le destrozaron la cabeza y la nuca con un elemento “duro y romo” que no fue hallado en la escena. “La víctima tenía dos estatuillas de mármol y falta una”, dijo un jefe de la investigación a Trama Urbana, sugiriendo que pudo ser ésa el arma homicida. 

Frente a semejante panorama, los pintores no dudaron un instante en volver a la calle y llamar al 911. Minutos después, el lugar hervía de policías.

“Yo llegué a las 9 y ellos me dijeron ‘falleció Mabel’”, contó a este medio Diego, el dueño de la sandwichería, sin pasar por alto que “anoche (por el jueves) estuve hasta las 10 y no vi nada raro”.

El fiscal Martini se mostró convencido de que “el o los asesinos entraron por la parte trasera, por una ventana del fondo de plástico que estaba abierta”,   agregando que “evidentemente, primero la forzaron, luego pusieron un palo
para sostenerla e ingresaron”. Y que, una vez adentro, “revolvieron una pieza que hay en el fondo, el baño y otra piecita más pequeña”, por lo que no descartó que “pueda tratarse de un robo”.

“Después  de que declare la prima de la víctima se determinará si faltan objetos de valor”, explicó. En el lugar no había efectivo, pero si quedaron objetos de valor y hasta el celular de Mabel.

Precisamente, sería la prima de Bonelli la última persona que la vio con vida, a eso de las 17 del jueves, “cuando fue a la terminal para comprar un pasaje a Santiago del Estero y pasó a visitarla”, reveló una fuente policial. La mujer no notó nada raro. Quién si aportó un dato importante fue un joven que vive en un departamento lindero con la fábrica de sándwiches, quien comentó a Trama Urbana que “a las 10 y media de anoche (por el jueves) escuché ruido de chapas, como si alguien caminara por el techo. Pero después no oí nada más y a la 1.30 me fui a dormir”.

“Parece algo premeditado”

“A  primera vista, parece algo  premeditado y no una entradera”, explicó el fiscal Marcelo Martini (foto), quien concurrió a la escena del crimen, igual que el jefe y el subjefe de la DDI La Plata, Juan Ibarra y Pedro Beltrame, respectivamente, y el titular de la comisaría Segunda, Carlos Gandolfi. En la escena trabajaron durante varias horas peritos de policía científica, aunque, en primera instancia, no encontraron elementos de interés. No se descarta que el o los homicidas hayan usado guantes para no dejar huellas. 

La autopsia realizada ayer a la tarde descartó otras lesiones fuera de los golpes y se ubicó la data de la muerte entre las 21 y las 00 del jueves. 

La causa se caratuló, en principio, como “homicidio”, y tomó intervención el juez Juan Pablo Massi.

La mirada de los vecinos

Los vecinos (en la foto, una de ellos) se mostraron conmovidos por el crimen de Mabel Angélica Bonelli, a la que calificaron como una “muy buena mujer”.
“Lo único que le molestaba era que subieras el auto en su vereda”, contó otro frentista de la cuadra que pidió reserva de su identidad. Todos la describieron como una dama de costumbres. “Entre las 10 y las 12 del mediodía limpiaba la vereda, pero no sólo la suya, sino todas, hasta la esquina de la gomería”, explicó Diego, su inquilino.

También era frecuente verla paseando su perro, marrón y de gran tamaño, que fue el testigo mudo de su asesinato.