El Profesor que hizo escuela

El Clásico

14/07/2014 - 03:00hs

Bajo el dogma del trabajo, la humildad, el perfil bajo y sus propias convicciones, Alejandro Sabella acalló las voces de las críticas y logró amalgamar un grupo que lo llevó a la final

Luego de la eliminación en cuartos de final de la Copa América 2011, que se disputó en nuestro país, en manos de Uruguay mediante disparos desde el punto del penal, el ciclo de Sergio Batista llegaba a su fin. 

En busca de dejar atrás una etapa que tuvo una alta exposición mediática como la de Diego Maradona en el Mundial de Alemania y sin respuestas futbolísticas durante el breve período del Checho, el titular de la AFA, impulsado por la recomendación de Carlos Bilardo, recurrió, como en 1982, a la aprobada escuela de Estudiantes para enderezar el rumbo  de un barco que se encontraba a la deriva y a punto de hundirse. 

Con los antecedentes de haber sido uno de los ayudantes de Daniel Passarella durante su gestión como entrenador albiceleste durante el período 1995-1998, y por sus logros como técnico del Pincha con quien obtuvo la Copa Libertadores del 2009 y el Apertura 2010, Alejandro Sabella fue designado como flamante técnico del seleccionado argentino. 

Acompañado por Julián Camino, Claudio Gugnali, Pablo Blanco, Juan José Romero y Marcelo Ramos, Pachorra tomó las riendas de un equipo que había perdido el prestigio mundial y además con la difícil misión de darle un contexto propicio a Lionel Messi, muy cuestionado por esas épocas, para que definitivamente se meta en el corazón del pueblo. 

En base el trabajo, la humildad, el sacrificio, el estudio minucioso y sobre todo el perfil subterráneo, el entrenador apuntó recuperar los aspectos humanos de un grupo para luego hacerse fuerte en los resultados. Superada la andanada de críticas por su “no” llamado a Carlos Tevez, el Profesor comenzó a desarrollar su teoría a la práctica. 

A partir de la creación del microclima que tanto anhelaba Messi, el equipo comenzó a crecer. Tan es así, que después de aquel recordado partido en Colombia (venía de igualar ante Bolivia y caía 1-0 poniendo en peligro la clasificación, luego ganó 2-1), Argentina superó la etapa de eliminatorias con cierta holgura. 

Cuestionado por aquellos que insistían con la convocatoria del Apache, Sabella hizo caso omiso a las habladurías y se tomó su tiempo para elegir los 23 jugadores que finalmente iban a representar a la Argentina en el Mundial de Brasil.

Cambió a tiempo y acertó  

Tras el ajustado triunfo del debut ante Bosnia, la prensa recayó sobre la elección del sistema  táctico y la forma de plantear el partido. Sabella, lejos de meterse en el juego mediático, asimiló el error. A pesar del planteo público de Messi y compañía por el 5-3-2, Pachorra no tuvo pruritos en cambiar y retrocedió sobre sus pasos y ordenó jugar con el 4-3-3 que tan bien les sentaba a los jugadores. 

Luego de superar  a Irán con angustia, ante Nigeria el equipo empezó a entender la idea de correr, meter y pasar la línea de la pelota para achicar espacios. La misma creció en la victoria ante Suiza por los Octavos y se consolidó en Cuartos en el triunfo ante Belgica. Ante  los belgas, Sabella demostró muñeca y no titubeó en sacar a un soldado de la primera hora como Federico Fernández para que ingrese Demichelis y sentar en el banco a Fernando Gago por Lucas Bilglia. Con los cambios, el equipo creció considerablemente, hasta tal punto, que dejó en el camino a la poderosa Holanda para meterse de lleno en una nueva final del mundo tras 24 años de frustraciones. 

Sin dudas que la elección de Sabella fue un verdadero acierto. El Profesor, que se crió y se formó en Estudiantes, dio una verdadera lección de conducción y con su doctrina reubicó a la Selección argentina en lo alto del futbol mundial.