En otra remontada memorable la Selección le ganó 2 a 1 a Inglaterra y el domingo jugará otra vez la final del Mundo. Otra vez una gesta deportiva fue capaz de unir a todo un pueblo que salió a la calle a festejar y se ilusiona con otra consagración.
Atlanta, Georgia – Estados Unidos
Diario Hoy en el Mundial día 30
Por Juan Pablo Ferrari
Valió la pena tanto sufrimiento. Se justifica todo el esfuerzo de haber llegado hasta acá. Por tercera vez en los últimos cuatro mundiales la Selección Argentina jugará una final del mundo y el domingo definirá la Copa contra España en New Jersey.
Ayer el diario Hoy presenció en el estadio de Atlanta otra remontada histórica del equipo nacional, impulsado por Lionel Messi y con Scaloni como conductor del grupo.
Argentina le ganó 2 a 1 a Inglaterra después de un primer tiempo en donde la tensión se apoderó del ambiente y los dos equipos se cuidaron y se estudiaron.
Con los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, el equipo remontó un resultado que se había tornado adverso y ahora definirá la Copa contra España. Sobran los elogios y no alcanza el reconocimiento.
Primera mitad de una película tensa y electrizante
Con la tensión de quien no puede dar un paso incorrecto en un examen final de la facultad, los jugadores salieron a apretar en todos los espacios de la cancha.
Inglaterra se adueñó de la pelota y comenzó a rotar y Paredes con Enzo Fernández y Lisandro Martínez fueron como los “pac mans” del equipo argentino para achicar y tratar de robar la pelota.
Tal cual había ocurrido contra Suiza, Argentina sintió el ahogo del rival y por momento abusó de meterse atrás y tocar la pelota para los laterales intentando salir jugando.
Julián Alvarez estuvo ausente, pero Giuliano Simeone, con algunas imprecisiones pero con inclaudicable actitud, corrió y complicó a los defensores ingleses.
Messi tardó en entrar en juego con la pelota, pero una vez que lo hizo paralizó a los jugadores ingleses que solo podían frenarlo con sujeciones o faltas. Tanto es así en un contragolpe que pudo ser letal, Inglaterra se llevó la primera tarjeta amarilla por frenar bajar al capitán con una patada. Esa jugada tuvo un factor psicológico en el partido, ya que Argentina se dio cuenta que Inglaterra no era invulnerable y los británicos sintieron la necesidad de no descuidarse y retroceder en la cancha porque de lo contrario quedarían muy expuestos.
El arquero, que en los primeros minutos salía con la pelota casi hasta la mitad de la cancha, comenzó a quedarse en el área y tuvo que gritar y bajar “tranquilidad” a sus compañeros cuando Enzo Fernández sacó un disparo desde afuera del área que se fue muy cerca.
Los ingleses merodearon más el área de Argentina con pelota dominada, pero no le dieron mucho trabajo al Dibu Martínez. Argentina comenzó muy atrás, pero terminó jugando de igual a igual buscando el arco del rival.
Otro desenlace épico
Tal cual había ocurrido contra Egipto en el partido de los octavos de final, la Selección sacó fuerzas de donde ya casi no tenía para cambiar el rumbo de un partido que se había tornado esquivo y complicado.
Cuando apenas se habían jugado un poco más de 10 minutos del segundo tiempo, Inglaterra se puso en ventaja con un gol de Antonhy Gordon que le ganó en la marca a Molina y definió abajo del arco tras un centro rasante.
De forma tan timorata como inocente, el equipo inglés se fue para atrás y Argentina logró desplegar su mejor versión desplazando la pelota delante de la media luna del área. Fueron casi 20 minutos así hasta que un cabezazo en el palo y un remate también en el palo anticiparon lo que iba a venir…
Sobre le final del partido Enzo Fernández sorprendió al arquero con un remate desde afuera y en el tiempo de descuento Lautaro Martínez capturó un centro de Messi en el segundo palo y cumplió con el objetivo de definir otro partido histórico de la Selección.
Dos a uno como en el 86 hace 40 años. Y al final, la bandera de Las Malvinas que desplegó De Paul para desatar la euforia de todos los hinchas.
Inglaterra vuelve a casa sin la Copa ni la final. Había esperado 60 años para esto.
La Scaloneta no se rinde y va por más.