31/05/2015 - 17:25hs
Pensar que el club lleva el nombre de las bellas islas del atlántico sur, la que los ingleses quisieron conquistar con sangre y vidas ajenas…
Pensar que este morochito, ese que se puso la cinta de capitán de Las Malvinas, que este sábado increíble para un barrio humilde, aplaudido a cada paso, viene de aquel país donde los por las dos islas provocaron una guerra.
Qué raro anda el mundo, pero así y todo cuánto brillan los ojos de emoción cuando el fútbol tiene estas sorpresas.
A sus pagos volvió Marcos Rojo, un joven de físico imponente, que anda orgulloso pero no altivo con su progreso personal, que hizo un aporte a las instalaciones de su club de origen y jugó motivado con la camiseta de Las Malvinas, como en la Selección en el último Mundial.
Ayer nomás jugaba en este piso casi sin pasto en 140 y 528, dirigido por Marito Barbarino en la cancha de 7 en LIFIPA y las últimas andadas en una 8va División de la Liga en la que fue campeón a los 11 años, allá por el 2001 cuando lo llamaban “Mono Tití”.
“Gracias, muchas gracias, sos lo más…” cuántas expresiones desbordadas de admiración ahora oía de esos mismos que le tiran esas y otras cosas de en la confianza de un vestuario.
Tanto el vestuario, como una bomba de agua y un paredón de 170 metros que generaron la emoción del presiente Pino Pietrosimone, el mismo que dirigió al Luly Aued, otro ídolo malvinense. Un paredón que ya luce con murales, figuras coloridas de jugadores que dejaron su marca este club con 30 años de vida… dicen que uno de los retratados es Rodrigo Rinaudo, quien en el 2000 pasó a Villa San Carlos para salir campeón y goleador.
Pero hay algo más importante… Marcos juntó a la familia en tiempos donde a todos les cuesta tener motivos. Estuvo la de Marquitos, esos muchos hermanos unidos y los padres, Claudia y Marcos Alberto Rojo, aquel “10” de El Cruce, que volvió a respirar el aire de un campito amateur.
El ídolo no paró de firmar autógrafos. Saludó a cada uno de los chicos de las infantiles. Se sacó fotos en todos los rincones. A diferencia de otras estrellas, no quería irse nunca. E incluso con su hermano, el guerrero Franco.
Se juntaron a jugar (con entrada a 30 pesos, para seguir haciendo grande al club), los integrantes de la Primera, la Reserva, los más veteranos del Senior, e incluso amigos de otro ambiente que le cabe a Marcos: la música, el rock and roll y la cumbia. Por eso en el picadito estuvieron los de la banda Los Totora, con el inefable petiso Juani Giorgetti.
El viento ondeó las banderas azules y amarillas, y algunas largas de Estudiantes de La Plata. Las Malvinas empieza a tener otra imagen. Las obras se construyeron rapidísimo, como las proyecciones al ataque con pelota dominada de este que también admiran los ingleses.
La periferia platense, como ayer el barrio Las Quintas, suele tener estas fiestas paganas, en la que un ídolo de la religión futbolera provoca milagros.