entrevista

Lucas Santa Ana: “Me gustaría que conecten con la idea de repensar cómo miramos a quien tenemos enfrente”

El realizador presentó su última película, una comedia dramática sobre una despedida anunciada.

Espectáculos

11/04/2026 - 00:00hs

300 cartas, de Lucas Santa Ana (Yo adolescente) puede verse todos los miércoles en el Centro Cultural de la Cooperación, además de varias salas de todo el país. Hablamos con el talentoso realizador para saber más detalles de esta interesante propuesta.

—¿Cómo surgió la historia de 300 cartas?

—Surgió, principalmente, de la conjunción de dos factores. Por un lado, el gran disparador fue una experiencia personal: una ruptura amorosa real donde alguien planeaba dejarme con una performance. Por suerte no lo hizo porque hubiera sido muy doloroso. Pero la idea me pareció divertida y la tomé como punto de partida. El segundo disparador de la historia, que era lo que lo que me interesaba abordar de fondo, es algo que vengo observando a nivel social: el prejuicio, la discriminación y la fragmentación que existe dentro del propio colectivo LGTB, y muy puntualmente dentro de las distintas "tribus" gays. Me sorprendía mucho ver cómo operan esas jerarquías de deseo tanto en la vida real como en las redes sociales. Esto también lo observo por fuera del colectivo en la gente en general, y sentí la necesidad de problematizar eso llevándolo a la pantalla, pero no desde un lugar dramático, sino en tono de comedia.

—¿Fue difícil encontrar al cast que llevaría adelante la narración?

—Más que difícil, requirió un trabajo muy específico porque no fue un llamado abierto, sino cerrado. Junto a María Lía Bagnoli, que estuvo a cargo del casting, invitamos a actores puntuales de los que ya conocíamos su trabajo. Con Cristian no había trabajado pero lo había visto en teatro, y con Gastón ya habíamos trabajado antes. Lo central fue que probaran personaje y trabajar la química. Hicimos callback para probarlos juntos y tuvimos unos 15 días de ensayos antes de filmar, lo que generó una amistad entre ellos que funcionó como el puntapié inicial perfecto para esa química en pantalla.

—En la película nunca hay un subrayado acerca que la historia es una historia de amor entre dos hombres, o de desamor, mejor dicho, es algo que te interesaba? ¿Poder narrar sin etiquetas?

—Totalmente. Hay una máxima creativa que siempre tengo presente: "pinta tu aldea y pintarás el mundo". Yo hablo de los gays porque es la comunidad que conozco, la que me interpela y la que tengo a mano. Sin embargo, no creo que exista un "género LGBT" estricto, sino películas con temáticas donde cualquier persona puede sentirse identificada, porque todos hemos dejado a alguien o nos han dejado, o nos han "ghosteado". La película va a otra escala, mucho más allá de la orientación sexual; habla de cómo nos vinculamos hoy en la era de las redes, de las máscaras que usamos y del compromiso.

—¿La película tiene un estreno diferente, muy similar al que se da en espacios como el CCC, 25 de mayo, Malba, por qué decidiste que sea así?

—Decidimos apostar por un estreno "no comercial" e independiente, con una lógica de exhibición mucho más parecida a la del circuito teatral independiente. Al tener funciones una vez por semana, le damos tiempo al público para que se entere de la existencia de la película, funcione el boca a boca y puedan organizarse para ir a verla. En el esquema comercial tradicional, lograr que todo el mundo se entere y vaya a las salas en la primera semana de exhibición es un desafío enorme que requiere de una inversión publicitaria gigantesca, algo inalcanzable para nuestro tipo de producciones. Este formato nos permite sostener la película en cartelera de una manera mucho más orgánica.

—Ya tuviste la Apertura del Festival de Diversidad y seguramente recibiste feedback, ¿cómo fueron un poco las devoluciones de los espectadores?

—Las devoluciones vienen siendo maravillosas. Tuvimos la suerte de viajar por festivales en Miami, Barcelona, Perú, México y San Francisco, y la gente se acerca constantemente a decirnos "a mí me pasó algo parecido con mi ex", y te lo dicen tanto hombres como mujeres. Eso prueba que la identificación es universal. También despierta pasiones muy divertidas: un espectador en Italia me escribió enojado por Instagram diciéndome que el final estaba mal, que Jero tendría que haber expuesto a Tom en sus redes sociales a modo de venganza. No le contesté, porque entendía que esa era su visión y sus propias ganas de venganza. Jero en el fondo es un buen tipo y está atravesando otro proceso.

—¿Con que te gustaría que se conecten los espectadores al verla?

—Me gustaría que conecten con la idea de repensar cómo miramos a quien tenemos enfrente. En la película vemos a personajes que operan bajo máscaras: Jero con su cuerpo "fitness" y su falsa perfección en redes, escondiendo muchas inseguridades, y Tom con su coraza de intelectual. Me encantaría que la película nos invite a dejar de mirar al otro desde el prejuicio o desde lo que nosotros queremos ver, para empezar a ver a la persona real. Y que conecten con el hecho de que, aunque vivimos en una época de inmediatez superficial, hay que animarse a bajar las barreras para tener vínculos auténticos.

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