cultura

El cantor que puso voz a un país entero

Alfredo Zitarrosa es uno de los cantores y compositores más emblemáticos de la música popular uruguaya, del que aún queda mucho por contar.

Interés General

07/03/2026 - 00:00hs

La primera vez que cantó en Cosquín fue un fracaso. Aquel verano de 1965, el público que se acercó al anfiteatro Próspero Molina no comprendió a ese juglar uruguayo que cantó acompañado solamente por su guitarra. Tenía por entonces 29 años. Al poco tiempo, el nombre de Alfredo Zitarrosa era pronunciado con devoción en ambas márgenes del Río de La Plata, y en nuestro país se produjo una verdadera explosión en la venta de sus discos, vendiendo cientos de miles de ejemplares.

Fue uno de los primeros artistas prohibidos por la dictadura uruguaya que se instauró en Uruguay, acusado de difundir canciones militantes teñidas ideológicamente de un rojo subido. En nuestro país su fama siguió creciendo hasta inimaginables alturas de símbolo.

Fue locutor de radio en El Espectador, actor teatral, poeta cuyo libro “Explicaciones- fue laureado con el Gran Premio Municipal de Poesía en 1959 –organizado por la intendencia de Montevideo- con un jurado presidido por Juan Carlos Onetti, y periodista del semanario Marcha. En sus años de periodista gráfico, entrevistó a los integrantes de Los Gatos –el primer grupo que lideró Litto Nebbia-, experiencia que le resultó desconcertante, ya que cuando le preguntó a uno de ellos qué opinaba del ser, le contestó: una porquería. Decía Zitarrosa que le había recordado a una tía vieja, que una vez le dijo: “Le tengo un asco a los sputniks”. Pero, pese a los años dedicado al periodismo, la gloria le reservó a Alfredo Zitarrosa un lugar como cantor popular.

A mediados de la década del cincuenta condujo “Generación 55”, un programa de televisión que buscaba representar a los jóvenes de la época de un país que, por entonces, según sus palabras, estaba “maltrecho y decadente”. Según Zitarrosa: “Esa generación de la crisis inspiró mis canciones y, al mismo tiempo, las impuso en mi país”.

Antes de Zitarrosa, solo los cantores de tango y los artistas extranjeros vendían muchos discos en Uruguay. A partir de él, las discográficas comprendieron que los artistas sensibles a su realidad, tenían un amplio público esperándolos. A partir de 1967, cada uno de sus discos encabezó en Uruguay la lista de los más vendidos, y en 1969 disputó el primer lugar, palmo a palmo, con Los Beatles. A partir de él, otros artistas, como José Carbajal, Los Olimareños y Daniel Viglietti, ganaron el favor de un público vasto.

Tenía un estilo propio –cantaba ”a la uruguaya”-, y tuvo la fuerza de una marea que empujó a numerosos artistas a intentar un camino propio dentro de la música de nuestra tierra. Cuando Zitarrosa empezó a convocar mucho público en sus recitales en Argentina, sus canciones ya habían sido grabadas por Jorge Cafrune, Quinteto Tiempo y César Isella, entre otros. Su debut en Buenos Aires fue en el teatro ABC, en donde se lució con temas como “Violín de Becho” y “Milonga para una niña”.

Decía que su método de composición era sencillo: “Se parte de una primera frase que sale instintivamente; la guitarra, luego, hace el resto”. Desde esa sencillez interpretó a su país y a su generación; y como el “pinta tu aldea”, de Tolstoi, es esencialmente cierto, las canciones de Zitarrosa representan a habitantes de muchos países y de distintas generaciones.

Milongas, vidalas, huellas, gatos, cifras, estilos, candombes, ningún ritmo rioplatense le fue ajeno para transmitir la profunda verdad que supo transmitir con austeridad y un sentido poético siempre cercano a lo popular. Con ese tono amargo al que siempre fue asiduo, decía que : “en Uruguay se aprecian los genios cuando se mueren de hambre; luego, todos lloran en su tumba y asunto concluido”. No solo en Uruguay sino también en Argentina y en buena parte de América, se lo admiró y quiso en vida, y en lugar de llorarlo en su tumba, se lo sigue cantando, que es una forma de eternidad que haría sonreír aún a alguien tan hosco como él.

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