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El cómico de la legua que se consagró en cine

Ugo Tognazzi forma parte del pelotón de actores italianos que pasaron a la historia por su extraordinario talento para el drama y la comediacómicos de legua.

Interés General

06/06/2026 - 00:00hs

Ugo Tognazzi nació el 23 de marzo de 1922 en Cremona. Su padre era inspector en una compañía de seguros. Por lo que Ugo fue criado en sucesivas ciudades. A los 14 años volvió a Cremona y empezó a trabajar como operario en una fábrica de embutidos, “Negroni”. En sus horas libres actuaba en un teatro amateur. Durante la Segunda Guerra Mundial fue llamado a las filas. Y también organizó espectáculos para los soldados. Luego regresó a Cremona y trabajó como archivista. Por suerte, para quienes serían su numeroso público logró abandonar ese trabajo. En 1945, siguiendo su pasión por el espectáculo, se trasladó a Milán, donde fue contratado por la compañía de Wanda Osiris.

Llevaba barba, ojos inteligentes, manos de carnicero y fumaba bastante. En total, actuó en más de 150 películas. Según él, la peor había sido “Señora, ¿me permite amar a su hija?” de Gian Luigi Polidoro, descripta por él como “una diversión masoquista”. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se dedicó a organizar, con un grupo de aficionados, una serie de espectáculos teatrales para los soldados italianos. En 1950 había debutado en un film, “Los cadetes de Gascuña”, junto a Walter Chiari. Con Raimondo Vianello formó una pareja inolvidable, que trabajó de 1954 a 1960 en la flamante RAI. En el programa de variedades “Un, due, tre“ (fue la primera sátira televisiva de la historia), que se metía incluso con el presidente. Por supuesto, eso le trajo problemas con la censura.

Se crió entre cómicos de legua; conoció el escenario desde todos los ángulos. Fue un cómico de cuarta categoría durante mucho tiempo: hacía giras, actuaba en locales nocturnos o en la radio, y finalmente pudo entrar en el cine para hacer pequeños papeles. Después llegó una etapa marcada por hacer films baratos y groseros, sin calidad artística, que para Tognazzi fueron un maravilloso aprendizaje: “Las películas eran terribles- confesó el italiano- pero yo aprendía el lenguaje del actor de cine con pasión y me iba perfeccionando”. Y entonces un día ocurrió lo imprevisto. Marco Ferrari, el oráculo que advirtió el progreso de Tognazzi se arriesgó a convocarlo para que protagonizara uno de sus más prestigiosos films: “La abeja reina”.

Marco Ferrari fue decisivo en su vida. En palabras del propio Tognazzi, tenían “una historia muy curiosa, como la de dos amantes, solo que esta pasión fue netamente profesional. Cuando fue abandonado por el director –para seguir con el simil pasional-, el actor reaccionó precisamente como un amante despechado y se sintió tan mal que le juró venganza. Tiempo después, tuvo la oportunidad de llevar a cabo su desquite cuando Ferrari reapareció para decirle que podía protagonizar Ciao,maschio. Tognazzi dijo que si, naturalmente, pero el día anterior al comienzo del rodaje, se echó atrás, premeditadamente. Ferrari tuvo que recurrir apresurado a Marcello Mastroianni para que lo sacara del apuro. Muchos años después, Ferrari y Tognazzi firmaron la paz, pero nunca se difuminaron las huellas de desconfianza entre ambos.

Cuando lo convocó Pier Paolo Pasolini quedó simplemente atónito: “Lo que me ofrecía no parecía una buena idea pero como soy curioso, acepté. Hicimos Chiquero. Al terminar, él dijo que mi trabajo le parecía perfecto pero cuando yo vi el film no entendí absolutamente nada”.

En el prefacio del libro El glotón, publicado por Editorial Crea en Buenos Aires en 1980, a seis años de su primera edición en Italia, Tognazzi aseguraba: "Me siento vivo delante de una olla. El aceite que dora es música para mis oídos. Sería capaz de usar el perfume de un buen tuco como loción o para después de afeitar. Un plato de tallarines entrelazados o una pieza de carne asada son para mí esculturas vitales, dignas de un Henry Moore". El actor tuvo cuatro hijos, ligados todos ellos, de un modo u otro, al cine. Murió sorpresivamente el 27 de octubre de 1990 en Roma, a los 68 años, de una hemorragia cerebral.

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