CULTURA

El empresario que hizo paro con sus obreros

Cesar Cao Saravia fue un espécimen raro, fue criado en la pobreza y llegó a amasar una considerable fortuna, sin olvidar nunca sus orígenes.

Interés General

08/06/2026 - 00:00hs

Cronistas de la época aseguraban que era un moderno rey Midas: todo lo que Cesar Cao Saravia tocaba lo convertía en oro. Al menos, esa era su explicación cuando hablaba de su larga aventura de vida, nacida en la pobreza total y luego protegida por una fortuna que le permitía casi todo. “Nunca tuve la foto de ningún presidente en mi despacho”, se jactaba. También destacaba el hecho de no trabajar para empresas extranjeras, ni depositar dinero en otros países. Los empleados de EMEPA llegaron a nombrarlo delegado sindical de su propia compañía y él mismo los incentivaba para ir a las movilizaciones. Asimismo, llegó a decir que el único “paro general” que se dio en la empresa fue para que dejara de fumar.

Criado en la provincia de Salta, remarcaba que “todos aquellos que tienen grandes responsabilidades y una infancia difícil, deben darle una mano a los de abajo”. Sus familiares y amigos resaltan su costado solidario. Entre sus colaboraciones más importantes, se encuentra la que dio a la expedición al Polo Sur encabezada por el Gral. Jorge Leal, quien en gratitud denominó Saravia a un paso muy difícil en el Continente Blanco.

Saravia es una de las excepciones del país; con trabajo, dedicación y sin entrar en negocios sucios, llegó a tener una sólida empresa, amasar una fortuna, hacer beneficencias anónimamente, denunciar la usura, la coima y las injusticias. Sus deseos más grandes han sido siempre sanear la economía del país, animándose a encarar como ejemplo, planes para comprar ferrocarriles o las Malvinas. Sus despachos conocieron los despachos de catorce presidentes, así como también – durante casi 30 años- sacó solicitadas contra la mayoría de los gobiernos, hablando por televisión, radio y revistas, y siempre diciendo lo que sentía.

Su empresa se dedicaba a construcciones de gran porte, como las tribunas del estadio San Martín de Mar del Plata, los puentes peatonales para la ciudad deportiva de Boca Juniors, la instalación de la base Sobral en la Antártica, hangares, galpones y vagones de tren. Fue también proveedor de obras públicas de diversos gobiernos, desde el de Arturo Frondizi, Arturo Illia y Juan Domingo Perón, hasta Leopoldo Galtieri y Raúl Alfonsín. Una fuente muy cercana a su familia confiesa que “más de once presidentes pasaron por su casa”. También fue amigo íntimo del suboficial de la Armada Argentina y dirigente sindical metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.

“Yo soy criollo y cristiano – le aseguraba a la periodista Mona Moncalvillo-. Argentino es un pasaporte; Gelbart tenía pasaporte argentino, criollo es un sentimiento; patria es una cosa y país es otra. País es una región con límites geográficos, mientras que patria es el pasado, el presente, el futuro”. Políticamente, Saravia no pertenecía a ningún partido, pero en el sentido social y humano había decidido volcar su esfuerzo dentro del justicialismo.

Nunca fue peronista, pero había tenido entrevistas cruciales con Juan Domingo Perón en España: “Me enseñó muchas cosas, hablábamos largas horas… El no quería volver a ser presidente; en un momento determinado me tomó del brazo y me mostró una fotografía de un hombre a caballo y un chico y me dijo: `éste es mi padre, y éste soy yo, pero este chico ya no puede ser nada porque tiene 77 años”.

En 1972, un grupo de dirigentes y amigos suyos organizaron un acto en el Luna Park propiciando su candidatura presidencial, pero Saravia la rechazó: “Yo obro por intuición y no por razonamiento”, se excusó. Él simplemente se definía como un ser al que le interesaba el prójimo. En ese sentido, ratificaba que todas las religiones eran caminos a Dios; y que un camino, cuando tiene objetivos, es beneficioso para el pueblo, pero cuando solo tiene propósitos es beneficioso para los intereses de pocos, que es lo que ocurría en Argentina.

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