El locutor del regreso de Perón
Edgardo Suárez fue actor y hombre de radio, se encargó, junto a Leonardo Favio, de hacer la locución en la luctuosa jornada de Ezeiza.
culturaEdgardo Suárez fue actor y hombre de radio, se encargó, junto a Leonardo Favio, de hacer la locución en la luctuosa jornada de Ezeiza.
22/05/2026 - 00:00hs
Actuó por primera vez en cine a los 34 años, en “Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más“, película dirigida por su comprovinciano, Leonardo Favio, con quien compartiría muchas experiencias, entre otras, conducir el acto del 20 de junio de 1973 que desembocaría en la masacre de Ezeiza.
Pero no sólo el cine le dio celebridad, su programa de radio “Hola…pariente”, competía con el espacio radial vespertino con más audiencia hacia fines de la década del sesenta y principio de los setenta, el show de Hugo Guerrero Marthineitz. Edgardo Suárez tenía dos columnistas que harían un largo camino: Alejandro Dolina y Carlos Ulanovsky. Tenía una voz de contrabajo afónico que sería la que con su locución desovillaría la trama de una película mítica “La hora de los hornos”, de Pino Solanas y Octavio Gettino, una película de 1968 que contaría en clave peronista el proceso de liberación latinoamericano.
En sus 60 años de vida desplegó un curriculum notable: llegado a Buenos Aires desde Mendoza a los 14 años, fue vendedor en una zapatería, obrero de una fábrica de jeringas hipodérmicas, panadero, lavacopas, encerador de pisos, estudiante del Conservatorio Nacional de Arte Escénico, asesor de cultura durante la presidencia de Arturo Frondiz) y luego, ya de lleno en las lides actorales, sus numerosos trabajos en las películas de Favio, Torre Nilsson, Solanas, Fischerman y Mario David, entre otros. “Tu tiempo y el mío, pariente, tiempo insólito”, era una de las muletillas de su programa de radio. Verdaderamente le tocó vivir tiempos insólitos. O, al menos, lleno de episodios insólitos. A principios de los sesenta, en un boliche de Villa Gesell, un hombre pasado de copas, al que no conocía, le disparó con su revólver. Tuvo la suerte de que ninguno de los tiros diera en el blanco. A partir de allí, sintió que la vida era un regalo, un milagro que pende de un hilo. Y se convirtió en un insaciable.
Se lo acusaba de inconstante, pasaba de un programa a otro, en medio del éxito: “Música muy inteligente”, “Imágenes sonoras Kodak”, “Libertad en la noche”, “Musicolores victoria”, cuando el rating llegaba a su pico, se bajaba para empezar de nuevo. Lo mismo le ocurría con las mujeres, mudaba sin explicaciones aparentes de una pareja a otra: “Todas las cosas que queremos en la mujer no la encontramos nunca en una sola. No existe la mujer ideal”.
Sus libros de cabecera eran “Radiografía de la Pampa”, de Ezequiel Martínez Estrada, e “Historia de los ferrocarriles argentinos”, de Scalabrini Ortiz. Políticamente comenzó a militar en el MID (Movimiento de Integración y Desarrollo), llegando a ser secretario general de la juventud del partido en Mendoza y orador oficial. Por entonces sacaba un periódico, “Juego Limpio”, dedicado a apoyar la campaña presidencial de Arturo Frondizi. Luego se acercaría fuertemente al peronismo. El 20 de junio de 1973 le tocó compartir con su amigo, Leonardo Favio, conducir lo que debía haber sido una gigantesca fiesta popular y terminó en un verdadero baño de sangre: el regreso de Juan Domingo Perón en su retorno definitivo al país. Decenas de muertos y centenares de heridos bajo las balas disparadas por grupos de ultraderecha fue el saldo de esa jornada trágica. Desde el palco, Edgardo Suárez y Leonardo Favio hacían desesperados llamados a la tranquilidad, pero el aquelarre ya se había desatado.
Su última participación cinematográfica fue en “DNI (la otra historia)”, una película de 1989 dirigida por Luis Brunatti –quien había sido ministro durante la gobernación de Antonio Cafiero-, en la que participaron Lorenzo Quinteros, Carlos Carella y María Fiorentino, entre otros. Una película que cuenta la historia de un trabajador changarín y de su familia, que sobrevive malamente en el peor desamparo social, atravesado por el recuerdo de los años de bonanza del viejo peronismo. Edgardo Suárez fue la voz encargada de narrar esa historia desolada. Murió en la ciudad de Buenos Aires, el 17 de mayo de 1992.