Historia de una banda mítica del rock nacional
Los Abuelos de la Nada comenzaron en los albores del rock nacional y con formación remozada hicieron furor en los años ochenta.
culturaLos Abuelos de la Nada comenzaron en los albores del rock nacional y con formación remozada hicieron furor en los años ochenta.
25/07/2026 - 00:00hs
"Algún día tendré que llamarlo a usted Padre de los Piojos y Abuelo de la Nada”, escribió Leopoldo Marechal en El banquete de Severo Arcángelo. El escritor contó alguna vez que “El banquete…” era un relato dirigido más a los hombres que desandaban el camino a la niñez que a los chicos en tránsito a la adultez. El libro presenta como un escape al laberinto de la existencia. Tiempo de después, un joven poeta (de look desgarbado y con una cabeza tupida de rulos) tomó el nombre para llamar a su banda de rock. Según sus propias palabras, quizás haya sido porque los rockeros son “personas que empezaron a observar el cielo antes que la tierra”.
Miguel Peralta no conoció a su padre y pasó parte de su infancia en un orfanato. Al crecer, la música y la poesía fueron su refugio y los amigos la familia que le había faltado. Junto al periodista y poeta, Pipo Lernoud, con quien frecuentaba el mítico bar La Cueva -gerenciado por Sandro- consiguieron una entrevista con la discográfica Fermata. Los recibió el también poeta, pero del tango, Ben Molar, quien al enterarse que Miguel tenía una banda le preguntó por su nombre, la respuesta fue improvisada con mucha seguridad: “Los Abuelos de la Nada”. Al rato estaba firmando contrato para un disco.
Los primeros integrantes de la banda armada de urgencia, fueron Claudio Gabis, Kubero Díaz, Pappo y Jorge Pinchevsky, entre otros. Como el éxito no los acompañó “Miguel Abuelo” (desde entonces, fue un “abuelo de la nada”) se fue un largo período a recorrer Europa y allí conoció al bajista Cachorro López. Después se sumaron Gustavo Bazterrica en guitarra, el baterista Polo Corbella, el saxofonista Daniel Melingo y un muy joven tecladista, que ya había comenzado a componer sus primeras temas: Andrés Calamaro.
Hubo muchos músicos que volvieron a Argentina luego de prolongadas estadías en el exterior. Los regresos de todos ellos, en general, estuvieron ampliamente promocionados. Miguel Abuelo hizo la historia de los ´70 y volvió de Europa después de diez años de trabajar allí. Y sin embargo, su reaparición partió de boliches pequeños, de pelearla duramente otra vez desde abajo. Cuando le consultaron si lo había planeado, el músico respondió: “Creo que depende del ángulo de lo visión, depende de lo que se entienda por abajo o por arriba. Tal vez lo que para mucha gente significa empezar de abajo para mí no tenga el mismo sentido. Yo creo que empecé muy de arriba. Tan de arriba que tuve que empezar a bajar”.
Cuando regresó a nuestro país, Miguel Abuelo contempló el panorama y se dijo “acá no me puedo tirar a la pileta”. A pesar de que podría haber conseguido producciones o a quienes le abrieran las puertas para grabar, prefirió juntarse con gente que le diera ideas, que lo informara respecto de lo que pasaba en el país, darse tiempo a sí mismo para tomar conciencia. Por ese motivo, la elección de ritmos centroamericanos (reggae, salsa, candombe), específicamente por aquello de mover los pies, se dio tan naturalmente: en Buenos Aires tenían acceso a todos los ritmos; y su música tenía de todo eso y además latín fusión.
El guitarrista de la banda, Gustavo Bazterrica, alguna vez intentó explicar el sonido de los Abuelos de la Nada: “La mira está apuntada. Eso es lo importante. Apunta a algo: sin caer en el facilismo, tratamos de que sea simple, melodías agradables, de ritmos fuertes, cadencias bien marcadas, arreglos de brasses hechos por sintetizador y clarinete, una base rítmica sólida a cargo de Cachorro y Polo, y permitir todo el despliegue de Miguel en escena en lo que respecta a la percusión. En realidad somos una banda que toca para un cantante”. En ese sentido, Charly García cumplió un rol preponderante dentro de los Abuelos, dándoles una mano gigante en todo lo que se refirió a la grabación.
Con esa formación, Los Abuelos de la Nada se convertirían en una de las bandas fundamentales del rock nacional. Miguel murió el 26 de marzo de 1988, cuando el Síndorme de Inmuno Deficiencia Adquirida (Sida) lo debilitó tras una operación de vesícula.