Historias superadoras de niños que sienten el deporte

En distintos puntos de la ciudad, en un garage, plaza, rambla o escuela, los pibes se unen en torno a reglas y una actividad que los contiene y los apasiona

Interés General

28/04/2018 - 09:32hs

En distintos puntos de la ciudad, en un garage, plaza, rambla o escuela, los pibes se unen en torno a reglas y una actividad que los contiene y los apasiona. Distintos relatos de disciplinas deportivas que los ayudan a vivir con fortaleza y autoestima.

Patín

“Los profesores hacen mucho esfuerzo en enseñarte, te corrigen mucho, nos dan mucho apoyo en la vida y en el patín”, dijo a Hoy con sus tiernos 11 años, Aixa Arrosa, que viene de brillar con sus amigas de la Escuela Argentina de Patín de La Plata. Junto a un grupo de quince patinadoras platenses, llevaron bien alto a la ciudad en una pista de Isidro Casanova. Pero no todo es deporte. Si los deberes están atrasados, les recomiendan falten al entrenamiento, ya que para ensayar sobre rueditas tienen 5 de los 7 días semanales. Para destacar, otras geniales patinadoras: Delfina Torres, Francisca Michelini, Ana Sánchez, Bianca Almirón, Tatiana Fernández Molina.

Gimnasia artística

Ayer, en Mar del Plata, la Asociación Brandsen obtuvo el mayor premio en una competencia provincial. Allí se pudo ver en una versión impresionante a la niña Giuliana Tarabini, de 7 años, que curiosamente es prima de la patinadora número uno del mundo, Ayelen Tarabini. La genética debe influir, pero a no dudar que esta representante local puso todo de sí y le pidió a sus padres “dejar la escuela en doble turno porque quiere seguir con esta disciplina”. Entrena casi 3 horas de lunes a sábado y en su categoría Mini su padre aseguró que “se destaca en salto, aunque ayer obtuvo un primer puesto en paralelas. Mucho influye también su profesor Guillermo Ramos”.

Karate y full contact

En 131 entre 84 y 85, barrio San Lorenzo, hay un garage que se le sacó el mejor provecho, porque allí van unos 70 pibes a aprender artes marciales con el matrimonio de Marcela Martínez y Marcos Rivero. La hija menor, Delfina, de 7 años, había sido diagnosticada a los 11 meses de vida como paciente de riesgo: asma bronco obtructivo severo con falta de oxígeno. Buscando ayuda, un neumonólogo les aconsejó que la chiquita “haga actividades como el manejo del cuerpo pero sin esfuerzos continuos del corazón”. Su propia familia abrió la escuelita de artes marciales, gracias a la donación del abuelo. Mamá Marcela, a los 37, valora cuánto la ayudó practicar desde los 9 y sabe apreciar al maestro Andrés Ferreyra. 

“Los padres nos dicen que con ellos se enojan y con nosotros hablan. Algunos vienen de un ambiente algo agresivo como el fútbol y está contentos haciendo karate y full contact, que les cambió la cabeza. Claro que inventamos un reglamento que hay que cumplir: no se deben pelear, ni faltar el respeto, ya que se los puede retirar de la clase o no venir a próxima. Son cosas que tendrían que traer de las casas, pero no sucede. Una vez mi nene sufrió de bullyng (acoso escolar en la escuela) y el grupo que se formó es tan lindo que cuando se enteraron, lo fueron alentando”.

Hockey social

“Lo nuestro es contención pura, romper barreras, estrechar lazos”, dice Mara García, de 29 años, orgullosa de su proyecto que se inició en marzo de 2017, en un espacio en 13 y 90. “Todas chicas felices de vestir una camiseta, alejadas tanto ellas como sus madres del machismo que existe en los barrios”, afirmó la profesora, quien este año las junta a entrenar en 6 y 72, tres veces a la semana, con algún partido como aquel que jugaron en el predio de Everton.

Hockey Social tiene a 85 chicas. Para conseguir el predio con el espacio de usos múltiples les falta el okey de la Facultad de Humanidades y de la Municipalidad. Porque además de jugar, se les quiere ofrecer talleres de oficios, armónica, canto y arte. Actualmente, reciben algún alimento y apoyo escolar.