cultura

La alegría de comprometerse

Cecilia Rossetto es una actriz y cantante capaz de llevarnos a las emociones más profundas con la risa como ganzúa.

Interés General

13/06/2026 - 00:00hs

El éxito jamás le impidió conservar la frescura y el coraje, casi candoroso, de defender el derecho a decir la verdad. “Soy graciosa, soy cómica, soy tierna”, se autodefinió alguna vez. Capaz de ejercer la libertad de movimiento y de palabra arriba y abajo del escenario; de rechazar al mismo tiempo ofertas millonarias de la televisión y hacer brindis de 20 minutos. A lo largo de los años, fue construyendo una larga trama en la que creadores como Antonio Gasalla, Niní Marshall, el músico Pablo Ziegler, Mercedes Sosa, Bola de Nieve o Sebastián Ortega fueron algunas de sus tantas piezas aliadas, en una suerte de tablero de ajedrez en el que ella ha sido reina y dama.

Cecilia Rossetto se crió en la ciudad de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires. Debido a una nota periodística que dio su padre y que llegó a una tal Eva Perón, la familia Rossetto (mamá Oneida, papá y sus dos hijos) se mudó la gran ciudad. Más específicamente a un departamento de tres ambientes que forma parte de los monoblocks del barrio Simón Bolívar, vivienda social en altura construida durante la presidencia de Juan Domingo Perón en el contexto del Primer Plan Quinquenal de 1948-1952. El departamento con vista al parque central de ese complejo quedaba sobre la calle Curapaligüe, del barrio Parque Chacabuco. Lo sigue preservando, lo sigue amando aunque ya no viva allí.

En un reportaje que le concedió a la revista Humor, cuando apenas había cumplido 31 años, Rossetto aseguraba: “Todos los días estoy descubriendo elementos nuevos, ya no estoy aparentemente en edad de crecimiento, pero me siento todavía en etapa de cambio […] Yo como persona me siento compleja, tengo ingredientes de todo tipo, tengo mucho humor, al mismo tiempo soy muy melancólica”. En ese sentido, trabajó muchísimo para corroborarse como una “profesional responsable”: dedicó su vida, muchas veces soportando no tener ingresos, al estudio del teatro y de la infinidad de personajes que le tocó interpretar. Incluso, fue maestra y nunca pudo tomar ni siquiera suplencias a raíz del sacrificio vocacional.

A pesar de nunca haberse pensado como actriz famosa, tuvo la temprana certeza de que la profesión le gustaba más allá de cualquier dificultad (“me lo pintaban como mal remunerado y con que iba a sufrir mucho”, recordaba la actriz). Cuando le confesó a su padre que quería ser actriz, éste le contestó: “Pero, ¿cómo, otra más para morirse de hambre? ¿No basta conmigo que soy ajedrecista?”.

Su siguiente paso fue debutar en el Teatro San Martín durante la temporada de 1969 en un espectáculo con música de Leda Valladares. Como contó en una entrevista televisiva con Felipe Pigna, empezó a ser conocida de a poco. Vino aquel espectáculo dirigido por Stivel, vino Gasalla y la terminaron invitando a la televisión, en la cual obtuvo una popularidad explosiva en el programa llamado Frac, humor para la noche, con Jorge Basurto, Juan Carlos Mesa y Osvaldo Terranova. Le inventaron un personaje que se llamó Vicky Palmer, una desnutrida vedette y cantante internacional desocupada, que tuvo un éxito inmediato. Ganó un Martín Fierro por la categoría revelación en una ceremonia casi clandestina, porque varios de los ternados figuraban en la lista negra. Años después, en 1990, por su trabajo en la película Flop, de Eduardo Mignogna, recibió el Cóndor de Plata. En 1997, Bola de Nieve –un espectáculo estrenado en calle Corrientes con artistas afrocubanos- obtuvo dos premios ACE.

A lo largo de los años, generó vínculos intensos con creadores fundamentales de nuestra cultura. Niní Marshall fue una de sus grandes amigas. Le dejó libretos de Catita con sus propias anotaciones, que ella guarda como un tesoro, así como preserva los cuadernos de su padre con las anotaciones de jugadas firmadas por ajedrecistas de todo el mundo.

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