Hugo Fattoruso es un músico que se maneja como local en ambas bandas del Río de La Plata, con un talento que desborda cualquier frontera.
Su primer grupo musical lo formó con su padre Antonio y su hermano Osvaldo. Unos años después, hizo jazz con el grupo The Hot Blowers, hasta que en la década del 60 formó una de las bandas pioneras del rock en el Río de la Plata, Los Shakers, con la que grabó seis discos y que tuvo un éxito enorme tanto en Uruguay como en Argentina. Cantaban fundamentalmente en inglés, pero como consideraban que no dominaban suficientemente el idioma, declinaron la invitación de dar una gira de conciertos en los Estados Unidos. La canción “Rompan todo” ocupó el primer lugar de ventas durante mucho tiempo, y “Never never” es considerada la primera canción samba-rock y llegó al número uno en las listas brasileñas.
Empezó tocando el acordeón, empezó a estudiarlo y después lo dejó de lado durante mucho tiempo, hasta que, más de 40 años después, Jaime Ross lo invitó para tocarlo en “El hombre de la calle” : Luego de grabar en ese tema, Ross le propuso tocarlo en cuatro temas más, en vivo. Así fue que se reencontró con ese instrumento de sus amores juveniles. Lo seducen los acordeones de las rancheras mexicanas o las que se usan en Colombia para la cumbia y el vallenato, o las que en Panamá le dan colorido a los merengues. No escucha a muchos acordeonistas porque tiene miedo que al escuchar a los grandes cultores del instrumento, le de mucha vergüenza y dejo de tocarlo. Sin embargo, confiesa su gran admiración por el Chango Spasiuk, pero sabe que nunca alcanzará ese nivel: “No sé. Tendría que vivir diez años en Misiones para mimetizarme un poco con el paisaje y sus músicas, ¿no?”.
Hugo Fattoruso nació en Montevideo el 29 de junio de 1943, y desde los 12 años se dedicó enteramente a la música, haciendo un camino propio que lo llevó muy lejos. A los Estados Unidos, por ejemplo. País en el que se radicó a fines de los 60, cuando se disolvieron Los Shakers. Junto a su hermano y Ringo Thielmann, formó Opa, una banda que fusionó músicas que hasta entonces parecían inconciliables: rock, candombe y jazz. Grabaron cuatro discos. Volvió a Uruguay donde formó el grupo Barcaloa y, al poco tiempo, se inició otra etapa de su periplo: Brasil.
De joven, tenía como héroes a Miles Davis, John Coltrane, Art Tatum. Se quedaba escuchándolos días y noches enteras, meses totales, hasta que salió El cerebro magnético, de Hermeto Pascoal “yo ya sabía de los kilates de su música, pero cuando escuché ese disco me dije: Se terminó, no compro un solo disco más”.
Acompañó al piano y con el acordeón a Chico Buarque, Airto Moreira, Djavan, Milton Nascimento y Naná Vasconcelos. Se impregnó de las riquísimas sonoridades brasileñas que desde entonces impregnan su música. Pese a que es uruguayo, el fútbol no le hace hervir la sangre: “ No conozco los nombres de los jugadores, los equipos, nada, por qué entró uno y salió el otro, que si gana un cuadro tiene chances y el otro no... no entiendo nada de eso, lo juro, no festejo un campeonato, sólo me gusta la dinámica del deporte. Mi viejo era súper hincha de Peñarol, me llevaba a la cancha, pero la semilla no me germinó”.
Le gusta tocar en nuestro país, porque “me tratan como un amigo o como un novio”. Dice que el argentino Juan Carlos “Mono” Fontana –que a los 12 años fundó junto a Pedro Aznar y Lito Epumer la banda Madre Atómica- es el mejor músico del mundo: “ Para mí es el mejor músico del planeta y, cuando me invitó a tocar con él, se armó una discusión tremenda porque yo consideraba que no podía tocar él. A ver, el Mono conmigo sí, porque lo mío es simple, pero yo con él no, porque lo suyo es tremendo... yo sé lo que es una madera y lo que es agua pero, bueno, en fin”. Uno de los mayores admiradores que tuvo Hugo Fattoruso fue Luis Alberto Spinetta, quien lo admiraba desde la época de Los Shakers y quien pidió le dieran un Gardel de Oro, cuando el que lo había recibido había sido él:” El flaco es de un kilate tan alto, de una dimensión tan gigantesca, que nada puedo decir yo al respecto. No sé si la palabra es admiración. El que escucha Spinetta, no importa el apellido que tenga, o si es músico, o carpintero, o mozo de café, tiene todo claro, porque el que dio la dimensión fue él”.