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León Gieco es uno de los trovadores más populares de nuestro país, respetado por sus colegas y amado por su público.
11/03/2026 - 00:00hs
A comienzos de los 80, cuando regresó a la Capital tras una larga gira por el interior del país, los periodistas le preguntaron si lo habían secuestrado. León Gieco vio venir una popularidad demasiado grande para lo que estaba buscando. Todos lo invitaban a los programas, los diarios y las revistas lo perseguían, pero el joven León supo resistir, figurar nunca fue lo suyo. Alguna vez aseguró que su carrera estaba limpia, sana, intacta: “Pretendo ser lo más honesto posible, y seguir informándome sobre la música que hemos perdido a través del tiempo. No es que no estuve haciendo nada, lo estuve haciendo, pero en silencio”.
Siendo un hombre de perfil bajo, el éxito “Sólo le pido a Dios” –lanzada oficialmente en el álbum 4to. LP el 8 de julio de 1979-le trajo muchos conflictos: nunca esperó una repercusión tan importante de un tema suyo, porque se la pasaba luchando por llevar adelante un LP entero, un recital completo, una obra íntegra. El éxito de ese tema lo shockeó y le costó salir digerir esa repentina popularidad. “No estoy de acuerdo con que los medios me persigan para ver qué pasa conmigo debido a ese tema . Esa canción me ayudó a ser conocido en el exterior, lo grabó Mercedes (Sosa), lo grabaron en México, Ecuador, Chile; Ana Belén en España. Todo eso es muy positivo, pero lo negativo es que no me banco figurar en las fotos”.
La primera guitarra la compró León con su propio sueldo, en 1959. Comenzó entonces a presentarse en los actos del colegio y en un grupo de folklore, Los Nocheros. Paralelamente, también se integra a Los Moscos, una banda de rock, con la que poco a poco logran cierta popularidad en los pueblos cercanos. Hacían covers de Los Beatles, de los Rolling Stones y del Spencer Davis Group
El incipiente músico oriundo de Caña Rosquín disfrutaba ser un hombre solitario: le gustaba caminar solo por Buenos Aires, cuando muy pocos artistas podían hacerlo tranquilamente: “Yo paso desapercibido y me ubican únicamente los tipos que escuchan mi material. Eso mata, y me molesta mucho que todos conocieran mi cara. ¿Para qué quieren conocer mi cara? Muchos tienen que transar con los fotógrafos de las revistas.
Lo cierto es que siempre buscó que sus canciones fueran del lugar donde vive. En ese sentido, León se informaba sobre el folklore de nuestro país que había sido censurado, como Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Cuchi Leguizamón, etc. No se considera buen cantante, ni buen compositor: “No soy- específicamente- nada genial. Lo que sí me considero, en un cien por ciento, es buena persona.”
En el verano de 1969 viajó por primera vez a Buenos Aires, con su guitarra al hombro y casi sin dinero. Poco a poco comienza a relacionarse con el mundillo rockero: Litto Nebbia, Tormenta y, sobre todo, Gustavo Santaolalla. Para León el rock es una de las mejores músicas, incluyendo el folklore o la salsa. Él está constituido genéticamente por el rock pero abierto a todos los vientos de la música. Por más que con Leda Valladares, durante un tiempo, estuvo buscando música de los indios, León escuchaba algo de rock y lo tenía incorporado. Y como lo tenía incorporado, no le preocupaba, y salía a buscar otra cosa más para incorporar. “Y tal vez los chicos encuentren en mí- sostuvo en un viejo reportaje para la revista Humor- un puente rockero para informarse de músicas que no conocen”.