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Un caso célebre de espionaje internacional

Durante la Guerra Fría la búsqueda de información sobre el considerado enemigo fue una obsesión de las grandes potencias mundiales.

Interés General

11/04/2023 - 00:00hs

Según el historiador británico Eric Hobsbawm, la Guerra Fría se basó en la creencia occidental que la era de las catástrofes no había quedado atrás, y el capitalismo y su cuerpo de creencias estaba lejos de ser garantizado. La Unión Soviética, por su parte, ocupaba amplias extensiones de Europa, y otras regiones del mundo corrían un futuro político incierto. No obstante, un episodio de este período histórico logró insospechadas consecuencias para la historia de las décadas posteriores: la disputa entre el escritor Whittaker Chambers y Alger Hiss.

En agosto de 1948, Whittaker Chambers, que en ese momento era uno de los principales redactores del semanario Time y miembro del Consejo Editorial de National Review, decidió narrar a las autoridades norteamericanas sus propios antecedentes de “comunista arrepentido”, que había estado vinculado al espionaje soviético durante aproximadamente quince años. Su detallado relato incluyó listas de funcionarios nortea­mericanos que habrían colaborado clandestinamente con él, facilitando documentos oficiales cuya copia era reenviada a Moscú. En la lista de esas personas denunciadas apareció Alger Hiss, información que despertó rápidamente el interés de toda la sociedad norteamericana.

Hasta entonces, Hiss había sido un alto funcionario del Departamento de Estado, asesor del presidente Roosevelt en la Conferencia Internacional de Yalta, uno de los creadores de las Naciones Unidas en 1945 y el presidente de la Fundación Carnegie por la Paz Internacional. Además, contaba con el respaldo de diversas personalidades, comenzando por el juez Felix Frankfurter. Hiss negó los cargos en su contra y aseguró no haber conocido a Chambers, al que amenazó con un juicio por difamación. En octubre de 1948, resuelto a probar el caso, Chambers condujo a un grupo de disputados hasta el jardín de su casa en Maryland. De una calabaza extrajo un grupo de documentos y rollos de microfilm en los que aparecían copiados diversos textos procedentes del Departamento de Estado fechados entre 1937 y 1938.

Aquellas serían las pruebas principales sobre la responsabilidad de Hiss. A esos papeles se agregaron los careos e interrogatorios a los que fueron sometidos ambos protagonistas y sus respectivas esposas. El abundante material barajaba fechas y datos sobre vehículos, fincas alquiladas, el uso de máquinas de escribir. Aunque Hiss negó haber conocido a Chambers antes del enfrentamiento de 1948, después creyó reconocerlo como un periodista que decía llamarse George Crosley y con quien Hiss declaró no haber tenido ningún contacto político. Entre los diputados que presenciaron los careos

Hiss-Chambers figuró destacadamente Richard Nixon, quien después aseveró que esos episodios fueron el comienzo de su carrera política.

La investigación encabezada por el FBI no llegó a establecer una verdad concluyente: en muchos puntos solo cabía apoyarse en declaraciones verbales de ambos contrincantes. En 1950, Hiss terminó condenado judicialmente a cinco años de prisión, no por el presunto espionaje sino por “falso testimonio” en dos puntos de sus declaraciones de 1948. Salió de prisión en 1954, consiguió vivir de sucesivos empleos privados y se propuso la vindicación, haciendo revisar públicamente las pruebas que habían sido aducidas y él consideraba astutamente falsificadas. Por su parte, Chambers publicó un libro autobiográfico (Witness) y sobrellevó las críticas habituales contra los delatores. Es de interés considerar las reflexiones de este personaje en su libro donde consigna que al decidir la

deserción del partido coincidieron con su mujer que con esto “pasarían del lado ganador al lado perdedor” en vista de la fuerza que mostraba el comunismo y el espíritu totalitario y estatista en general debido al trabajo diario que en muy diversos frentes realizaban sus adeptos, en abierto contraste con la debilidad y la desidia manifiesta de Occidente.

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