cultura

Una beligerante amistad

Bernard Shaw y Frank Harris fueron dos grandes escritores irlandeses de enorme personalidad que tuvieron una muy curiosa relación.

Interés General

15/06/2026 - 00:00hs

Para muchos fue el escritor más importante de lengua inglesa después de William Shakespeare. Es famosa la anécdota que recuerda el diálogo que mantuvo con una hermosa actriz de su tiempo. Se dice que en una fiesta la diva intentó seducirlo con la fantasía de un hijo de ambos, heredero de la belleza de ella y la inteligencia de él. "¿Y si nace con su inteligencia, señora, y con mi belleza?", respondió él, con una osadía que difícilmente sería tolerada hoy por cierta paranoia bienpensante. Lo cierto es que George Bernard Shaw, además de ser uno de los escritores más venerados del siglo XX, consumó ciertas amistades literarias tan extrañas como cautivantes, y que vale la pena recordar.

Hacia comienzos de la década de1930, Frank Harris le escribió desde Niza a Shaw informándole que había aceptado la propuesta de una editorial británica para escribir una biografía sobre él. Si bien ambos hombres habían nacido en el mismo país (Irlanda) y el mismo año (1856), y llevaban para entonces casi medio siglo de beligerante amistad, la situación de Shaw y Harris no podía ser más opuesta, habiendo practicado en todo ese tiempo la misma actividad (enrostrar a su época todas las verdades desagradables que era de buen tono no ver): el priápico Harris era un despojo física y económicamente, y se había radicado en Niza huyendo de acreedores, juicios por obscenidad y admiradores de sus transgresiones; mientras que el vegetariano Shaw gozaba de impecable salud y fortuna, además de ser una de los figuras intelectuales más veneradas en Inglaterra y el mundo.

Shaw y Harris habían encontrado en el humor y el sarcasmo las herramientas para sobrevivir a las miserias materiales y morales de lo que hoy se llamaría una familia disfuncional. Shaw había asistido indistintamente a escuelas católicas y protestantes, donde aprendió a detectar el combustible que enciende los fanatismos. Como tuvo que salir a trabajar desde los 16 años, completó su formación de manera autodidacta. Asimismo, para cuando dejó un opaco puesto como cajero en Dublin, escribió seis novelas en seis años, que no logró publicar en ningún lado (“quizá porque todas ellas atrasaban ciento cincuenta años en estilo y se adelantaban cincuenta años en contenido”, diría el propio Shaw mucho tiempo después). Mientras tanto había abrazado la causa del socialismo y había ganado notoriedad como orador brillante en cuanta tribuna pública le permitían hablar (fuesen los estrados de clubes radicales o pilas de cajones de fruta en los mercados callejeros de la ciudad).

Para cuando los dos hombres estuvieron frente a frente por primera vez, Harris era capaz de gastar en un banquete en el Café Royale lo que Shaw ganaba en un año entero. Harris se vanagloriaba de haber conocido carnalmente a más de mil mujeres; y Shaw, de mantener su virginidad incólume a los veintinueve años. . En cuanto al encuentro de ambos hombres, fue otro irlandés quien los presentó y disfrutó las chispas que produjo el encuentro: nada menos que Oscar Wilde.

Harris le había enviado seis preguntas junto con su carta. Shaw decía al respecto: “La contestación de ellas constituiría por sí sola el libro que se propone escribir”. Harris le respondió que escribiría el libro con o sin respuestas de Shaw. Este le anunció: “Consideraré culpable a todo aquel que invoque mi nombre en vano. Ya hizo usted de Shakespeare un híbrido de marinero de melodrama y criminal francés. Sabe Dios lo que haría de mí”.

El lector del Shaw de Harris que haya llegado al epílogo sufrirá una conmoción inmensa al toparse con el siguiente titular: “Post-scriptum. Por el personaje de esta biografía”. Ya no es la voz de Harris, evidentemente, la que anuncia: “Habiendo terminado este último capítulo, Frank Harris murió el 26 de agosto de 1931, a los setenta y seis años, dejando a mi cargo la corrección de las pruebas. Muchas cosas extraordinarias he tenido que hacer en mi vida, pero ésta es la más extraordinaria de todas”. Quien nos habla es el propio George Bernard Shaw.

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