Es necesario recuperar el compromiso profesional
El escandaloso final que tuvo el clásico de verano entre Estudiantes y Gimnasia en Mar del Plata amerita una seria reflexión. No es posible que los representantes de las dos instituciones más importantes de la capital de la provincia más poderosa del país tengan un comportamiento de animales, repartiéndose golpes y dirimiendo la fuerza bruta, como si se tratase de un combate de catch más que de un partido de fútbol.
En el reparto de las responsabilidades, las dirigencias de ambos clubes tienen una cuota necesaria de culpa.
Por un lado, en el Pincha se pregona la educación como estandarte de un gobierno nuevo, que hasta el momento impulsó un innegable cambio. Sin embargo, en la práctica es imposible concebir como Alvaro Pereira, quien primero se fue expulsado por una patada voladora y luego ingresó a pegar como Clubber Lang en Rocky III, haya incurrido dos veces en el mismo error.
El lateral uruguayo, que el año pasado también había sido expulsado contra Gimnasia, demostró que es un hombre de pocas pulgas y que en los momentos difíciles le cuesta mucho mantener el equilibrio.
Este tipo de reacciones se contraponen a la línea que intenta bajar el presidente Verón, quien ahora deberá ratificar con sanciones internas todo lo que viene describiendo como bondades de su gestión.
En Gimnasia, mientras tanto, todo llama menos la atención.
Desde la mismísima campaña electoral del 2013, cuando el jefe de la barra hacía presencia en los actos de Daniel Onofri, la convivencia con La 22 se ha acentuado, al punto que Cristian Camillieri llegó a jugar un partido de fútbol con jugadores e integrantes del cuerpo técnico en un partido a beneficio por la salud de Maximiliano Kondratiuk.
A diferencia de la cordura y la cautela que deben mantener dirigentes de un club que tiene más de 20 mil socios, tanto Onofri como Supera no colaboraron en bajar los decibeles de la rivalidad, y hace dos meses le negaron el alquiler del estadio del Bosque a Estudiantes sólo para intentar fortalecer su imagen ante los hinchas en una decisión que más que popular, roza la demagogia.
No conforme con eso, el propio Onofri reconoció que en las últimas elecciones de la AFA terminó apoyando al controvertido Luis Segura, sólo con la excusa de llevarle la contra a Sebastián Verón, quien estaba en la línea de Marcelo Tinelli.
En el último mercado de pases, el Pincha se tomó una especie de revancha institucional y con un gesto de poderío económico terminó contratando a cuatro de los jugadores que había buscado el técnico Pedro Troglio, ratificando que la relación entre los dos clubes no era la mejor.
Está claro que si los que toman decisiones y los que juegan tienen serios problemas para convivir en una misma ciudad y ponerse de acuerdo para dar el ejemplo, será muy injusto responsabilizar a los hinchas por futuros hechos de violencia en los estadios.
