Por Guilo Gallo
Lio sigue siendo el rey y Thiago el “heredero”
Messi sigue rompiendo récords y Almada se afianza como figura del recambio argentino.
Por Guilo Gallo
Lionel Messi volvió a hacer historia. Nuestro 10 abrió la cuenta ante Austria y rompió el récord de goles en la historia de los mundiales. A los 38 minutos, Messi llegó al gol del récord, coronando una maravillosa jugada colectiva. Que nació en los pies de él mismo, llevando el juego hacia el círculo central y allí, ceder para Almada. Thiago encaró hasta el área y pasó a la banda para Medina. El lateral se la devolvió con un centro atrás que el nacido en los potreros de Fuerte Apache dejo pasar para que Lionel haga historia. Messi disparó desde la puerta del área y batió a Schlager en su palo derecho. Un típico gol del 10 de Argentina, pero también demostrando la importancia de Thiago Almada en el funcionamiento de Argentina.
Repasando la secuencia del gol, una y diez veces, la jugada permitió demostrar la esencia del juego argentino: juntar jugadores, precisión en el pase, generosidad para siempre buscar al compañero mejor ubicado y la inspiración típica del jugador rioplatense. Algo que el jugador nacido en Vélez interpreta a las mil maravillas en ese combo de circular, mostrarse como descarga, crear y hacer espacios y mucho sacrificio porque sí hay que bajar a “cubrir espaldas” lo hace en el relevo perfecto. Muy difícil que juegue y distribuya una pelota mal.
Thiago es diestro con buen pie (marcó goles decisivos ante Uruguay y Colombia por Eliminatorias y tuvo una actuación destacada en la goleada frente a Brasil), pero, sobre todo, tiene un brillante entendimiento del juego para saber leer que necesita el equipo en cada jugada.
Además, su polifuncionalidad le permite adaptarse a distintas necesidades del equipo según el rival: Almada “puede desempeñarse tanto como enganche como por los extremos”.
Entre sus principales virtudes destaca su capacidad para romper líneas y generar juego interno con precisión. El cuerpo técnico valora especialmente su “capacidad para romper líneas, generar juego entre líneas y aportar desequilibrio en el uno contra uno”. Estas facultades técnicas lo hacen un perfil único para enfrentar defensas cerradas.
Por eso, el ex “fortinero” representa el primer abanderado a la hora de señalar el tan mentado recambio generacional.
