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¿Cómo nació Villa Gesell?

El fundador de esta localidad de la Costa Atlántica fue un visionario que en soledad llevó adelante un proyecto monumental que hoy goza de gran popularidad.

Interés General

06/12/2022 - 00:00hs

Carlos Gesell solía ir de veraneo a Mar del Plata, ya en la década del 30 preveía que esa ciudad se urbanizaría al extremo y que se iría superpoblando indeteniblemente hasta la alienación. Era un empresario que se había formado en Alemania. En 1931, con sus 36.000 pesos ahorrados en su trabajo de administrador de Casa Gesell, una empresa dedicada a artículos para recién nacidos, se decidió a comprar 16.000 hectáreas de tierras fiscales ubicadas a más de cien kilómetros al sur de Mar del Plata, con el objeto de crear un oasis atlántico buscado por aquellos que desearan mantener un vínculo con la naturaleza.

Por aquel entonces era una auténtica osadía creer que aquella kilométrica masa de arena ondulada en interminables médanos podría convertirse en una playa popular. Fueron muchos los obstáculos burocráticos que tuvo que vencer para hacerse con esos vastos terrenos frente al mar, pero su tozudez le permitió superarlos uno por uno. Sabía que los pioneros suelen ser tratados con el mismo descrédito que los alucinados, pero él sobrellevó con orgullo el mote con el que se lo conoció por entonces, “el loco de los médanos”.

Comenzó las tareas un día hecho bíblicamente para descansar: un domingo. Llegó a la playa a trabajar con dos peones. Trabajaba a la par de ellos. A los pocos días sus trabajadores renunciaron. Dijeron que por los alrededores habían visto merodear a un oso. Era un carpincho. Tuvo que buscar nuevos obreros, los encontró en General Madariaga. En 1936 disolvió la sociedad que tenía en Buenos Aires con su hermano y decidió mudarse con su familia a “sus posesiones en el mar”, que por entonces no pasaban de una estepa azotada por todos los vientos. Le gustaba mostrarles a sus hijos “la erosión del viento sobre la arena, cómo actúa y qué debe hacerse para evitar el movimiento de la arena. Son tres las posibles destrucciones: 1) la arena choca con las plantas y las destruye; 2) la arena cubre el vegetal; y 3) el viento socava la arena y deja al aire las raíces. Pude observar y corregir”.

Carlos Idaho Gesell nació en Buenos Aires el 11 de marzo de 1891, en una casa ubicada en Paraguay 3033. Era el tercero de cuatro hijos. Vivió diez años en Alemania y otros diez en los Estados Unidos. A los 40 años ya sabía cuál era la manera de evitar que el viento fuera mudando los médanos: fijarlos por medio de la vegetación. Para ello, hizo traer de zonas alejadas del país una enorme cantidad de plantas, que conservó en viveros antes de hundirlas en la arena y vigilar su crecimiento día por día. No era fácil, muchas plantas se secaban o eran arrancadas de raíz por el viento. Había conocido en Alemania a una persona con experiencia en la fijación de médanos en África. Lo contrató. Su obstinación dio frutos: un gran monte de pinos hizo famoso a su balneario.

Una construcción imparable

Este visionario bautizó su emprendimiento como Villa Gesell, en homenaje a su padre, Silvio Gesell, un economista que en 1898 había publicado el libro La cuestión monetaria argentina, en el que criticaba con dureza la política monetaria del gobierno de Juárez Celman.

Carlos Gesell no ingería alcohol, sino una bebida fabricada por él mismo de acuerdo a una receta que trajo de Norteamérica: vinagre de manzana, miel y cinco partes de agua.

Gesell no solía dar entrevistas periodísticas, prefería los hechos a las declaraciones. En un comienzo hizo crecer la Villa en longitud, paralelamente al mar. Los primeros ­compradores de sus terrenos querían estar cerca de la orilla. A los pocos años, las construcciones comenzaron a extenderse imparablemente hacia adentro. En los años 70 sería la capital nacional del hippismo. Hoy es una de las localidades más populares de la Costa Atlántica.

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