El amigo norteamericano de Rodolfo Walsh que vivió en La Plata
Se llamó Donald Alfred Yates, dio clases en la Universidad Nacional de nuestra ciudad y mantuvo una copiosa correspondencia con el escritor argentino.
culturaSe llamó Donald Alfred Yates, dio clases en la Universidad Nacional de nuestra ciudad y mantuvo una copiosa correspondencia con el escritor argentino.
23/05/2026 - 00:00hs
Nació en Massachusetts, Estados Unidos, en 1930. Empezó a estudiar español en 1945 en Michigan, en cuya universidad se doctoró en Español. Fue un profesor muy ligado a nuestra ciudad, Enrique Anderson Imbert –quien había estudiado en el Colegio Nacional de La Plata-, quien dando clases en Estados Unidos lo hizo enamorarse del idioma español. Después de la publicar “Labyrinths”, Donald Yates inició, en 1962 una serie de viajes a la Argentina, donde dio clases de Lenguas Vivas en la Universidad de Buenos Aires, y en la Universidad Nacional de La Plata.
Fue en esas estadías en nuestro país que Donald Alfred Yates trabó amistad con Rodolfo Walsh. Amistad que incluía partidos de ajedrez en La Plata, copas en los bares del Bajo de Buenos Aires, interminables charlas sobre literatura policial –el norteamericano era miembro de la Mystery Writers of America- y un muy frondoso epistolario mantenido entre 1954 y 1964, y que terminaría reunido en un libro.
El tema casi excluyente de las cartas es la narrativa policial, los problemas del lenguaje y la política. Muchas de ellass fueron escritas en la época en que Rodolfo Walsh vivía en La Plata. En la carta del 21 de junio de 1954, Walsh le dice: “Sí, estoy casado y tengo dos nenas. La mayor, María Victoria (Vicki) tiene tres años y ocho meses. La menor, Patirica, va a cumplir dos años. Son un verdadero cocktail de razas: 50% de irlandesas por parte de padre (yo soy de origen irlandés por ambas ramas), y por otra parte de madre tienen un 25% de sangre italiana, un 12,5% española y un 12,5% americano indígena. Pero como son chicas, todavía no se han dado cuenta. Mi esposa dirige una escuela de ciegos en Eva Perón (que hasta hace poco se llamó La Plata), escribe poesía y se opone terminantemente a que me llame Rollo.”
En la carta del 23 de octubre de1954, Rodolfo Walsh abunda en datos biográficos: “Mi padre fue mayordomo de estancia; murió hace algunos años en un accidente de caballos. Somos cuatro hermanos y una hermana. Esta, la menor de todos, entró hace tres meses en un convento con gran oposición y revuelo del resto de nosotros. Uno de mis hermanos es oficial aviador de nuestra marina de guerra, y le falta un año para terminar su carrera de ingeniero en telecomunicaciones”.
Donald Yates se había puesto en contacto con Jorge Luis Borges para gestionar la publicación de sus libros en Estados Unidos. Ese hecho fue motivo de reflexiones por parte de Walsh: “La literatura de Borges postula la irremediable incertidumbre y soledad de la especie humana, y pone en crisis la escala íntegra de valores. Lo único que parece salvarse, precariamente, de esa desesperanza, es el fervor de la palabra”. Por otro lado, señala que la autorización de Borges extendida a favor de Yates fue por timidez o cortesía: “ como ese personaje suyo de El milagro secreto que en el momento en que lo van a fusilar acepta un cigarrillo de uno de sus verdugos (aunque le repugna fumar) para que el verdugo no se ofenda”. El profesor estadounidense escribió un libro reconstruyendo sus quince años de amistad con Borges, bajo el título “Viaje mágico”.
Ambos corresponsales planeaban hacer juntos una antología de textos de ciencia ficción. Incluirían a Leopoldo Lugones quien, según Walsh: “ fue el primer escritor de habla castellana que abordó el science-fiction: casi al mismo tiempo que Wells, a comienzos de este siglo. Su libro, Las fuerzas extrañas, es muy notable”.
En la última carta –del 17 de mayo de 1964-, fechada en el Tigre, Rodolfo Walsh menciona a un escritor argentino que le ha llamado mucho la atención en la medianía del panorama de nuestras letras: “En literatura argentina, nada nuevo, salvo el gigantesco progreso de Cortázar en Rayuela, que si bien no sido aquí un éxito de crítica –nuestros críticos son bastante imbéciles- será reconocido a su tiempo como una gran renovación en nuestra novela. Sábato, sigue repitiendo sus eternos lugares comunes en dos obras nuevas (Tango y El escritor y sus fantasmas), David Viñas ha sacado un buen libro de cuentos (Las malas costumbres), y nada más, a pesar de que la época es muy buena para los escritores; quiero decir que cualquiera publica cualquier cosa”.