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El escritor que tradujo al cielo

John Crowley es una de las grandes plumas de la ciencia ficción que dio los Estados Unidos, llevando sus fantasías también a la pantalla grande.

Interés General

06/07/2026 - 00:00hs

John Crowley nació en 1942 durante la Segunda Guerra Mundial en el pueblo apropiadamente liminar de Presque Isle, Maine, que era entonces una base militar donde su padre ejercía como médico en la fuerza aérea. Creció en varios lugares de los Estados Unidos, pues su padre, a pesar de ser médico, era más bien nómada. Tuvo primero un consultorio en Nueva Inglaterra y después en el noreste de Kentucky, una zona minera de carbón, y más tarde fue doctor en la famosa universidad católica de Notre Dame, en Indiana.

Su padre trabajó para la iglesia católica por mucho tiempo y fue educado en esa fe, que ha sido parte central de su identidad a lo largo de la vida, aunque dejó pronto de ser practicante y hasta abjuró de la condición de creyente. Se graduó en la Universidad de Indiana y después fue a Nueva York, donde trabajó como fotógrafo y guionista para documentales por algunos años.

A partir de 1975 comenzó a publicar novelas: las primeras fueron de ciencia ficción, a pesar de que Crowley en realidad no sentía mucha pasión por ese género. Había leído como tantos algo de ciencia ficción en la infancia, pero no era un género por el que sintiera devoción. Sin embargo, lo que estaba ocurriendo en la ciencia ficción durante los años setenta era tan interesante y novedoso –se trataba de la New Wave– que creyó podría lanzarse a esas aguas y salir adelante con éxito. Desde entonces siguió escribiendo novelas, algunas con elementos fantásticos, y relatos que a veces podrían considerarse ciencia ficción, aunque en la mayoría de los casos no responden a ese canon.

En una de sus novelas más recordadas, “Traduciendo el cielo”, Crowley narra la vida de un poeta que había llegado a Occidente apenas con lo puesto. Para la prensa, era “el poeta que no pudo llevarse sus poemas”: sus libros estaban prohibidos en la Unión Soviética y no había traducción de ellos en ningún idioma occidental. Ninguno de los alumnos de sus clases sabía qué clase de poeta era. En su tosca lengua de adopción, hizo saber a sus alumnos que ése era el único modo en que sobrevivía la poesía: en la memoria de las personas. El mismo era un ejemplo viviente: su obra sólo existía en el otro extremo del mundo, entre aquellos que supieron memorizar los poemas de sus libros antes de que esos libros fueran retirados de circulación.

Crowley forma parte de una larga tradición de autores americanos que han incluido elementos fantásticos en su obra: Charles Brockden Brown, Washington Irving, Nathaniel Hawthorne, E.A. Poe, Henry James, Robert W. Chambers, por mencionar algunos. Sin embargo, sus raíces no estuvieron en ese tipo de literatura y no había leído mucho de ella: “Había leído a Poe, claro, todo mundo ha leído a Poe, y he leído a Hawthorne, que nunca me ha entusiasmado- aseguraba el escritor norteamericano-. Me parece que las obras de Hawthorne y Poe son recargadas y opresivas de una manera con la que me es difícil empatizar. Mis raíces son inglesas, mucho más que americanas. El linaje de lo fantástico en la literatura inglesa, desde The Faerie Queene y Shakespeare hasta escritores como Sylvia Townsend, T.H. White y Walter de La Mare, Winnie the Pooh, las historias de animales de Kenneth Grahame y sobre todo Alicia en el País de las Maravillas, son mis fuente básicas”.

En 1989 Crowley y su esposa, Laurie Block, fundaron Straight Ahead Pictures para producir medios de comunicación (cine, video, radio e internet) sobre la historia y la cultura estadounidenses. Crowley ha escrito guiones para cortometrajes y documentales y muchos documentales históricos para la televisión pública; su trabajo ha recibido numerosos premios y exhibido en el Festival de Cine de Nueva York, el Festival Internacional de Cine de Berlín y muchos otros. La correspondencia de Crowley con el crítico literario Harold Bloom, y su mutuo reconocimiento, llevó a Crowley a ocupar un puesto en la Universidad Yale en 1993, donde da clases de ficción utópica, escritura de ficción y escritura de guiones.

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