La historia detrás de un personaje de Johnny Depp
Hunter S. Thompson fue un escritor al que una película volvió célebre, conoció la cárcel y se volvió un periodista mítico.
culturaMientras se prepara la segunda temporada de El Eternauta, vale la pena recordar al autor de ese monumento de la literatura gráfica.
10/06/2026 - 00:00hs
Los años finales de Héctor Germán Oesterheld estuvieron signados por la tragedia. Durante la última dictadura, desaparecieron cuatro hijas, tres yernos y dos de sus cuatro nietos. Él mismo fue secuestrado por un grupo de tareas, en La Plata en 1977.
En 1974 adaptó para la revista Billiken la novela de Julio Verne “20 mil leguas de viaje submarino”, con dibujos de Roberto Regalado. Tuvo un éxito enorme. Repercusión que también lo acompañó en la revista Skorpio. Una de sus características fue la profundidad psicológica de sus personajes, su talento para bucear en la interioridad de cada uno, develar lo que se oculta detrás de las apariencias. Ernie Pike, Sargento Kirk y Mort Cinder, son un buen ejemplo de ello.
Solía registrar sus guiones en un grabador antes de pasarlos al papel. Le gustaba sentarse en el jardín de su casa de la calle Navarro -a la altura de Chivilcoy-, e imaginar la deriva de sus historias. Dormía en un escritorio en la planta baja - en el que también escribía-, sin que le molestara el rumor de sus hijas jugando en el segundo piso. Solía comer con sus vecinos, y en las largas sobremesas les contaba de su vida de geólogo, sus viajes por el interior, su trabajo en el laboratorio del Banco Industrial. Y, a veces, las andanzas de los personajes que ideaba.
Muchas cosas de su vida, Hector Germán Oesterheld contó a Guillermo Saccomanno y Carlos Trillo, en una entrevista que le hicieron hacia mediados de la década de setenta. Se citaron en una confitería de Santa Fe y Pueyrredón, El Olmo. Entrevistadores y entrevistado estaban tan entusiasmados que la siguieron en un almuerzo en un restaurante de la avenida Santa Fe, King George. Ya se habían bajado una botella de vino y el reportaje todavía no había empezado. Finalmente fueron al departamento en el que Guillermo Saccomanno vivía con su esposa de entonces, Lucía Capozzo. Era fin de verano y Oesterheld vestía una camisa color claro de mangas cortas. Se hicieron las nueve y media de la noche y seguían sacando y poniendo casetes, hasta que no hubo más recambio. Entonces pidieron una pizza y siguieron conversando. En uno de los tramos de la entrevista, Oesterheld les dijo que reivindicaba la lucha de la juventud peronista y la necesidad de profundizar los reclamos. Al poco tiempo, el historietista pasaría a la clandestinidad.
Una foto puede resumir una tragedia familiar. Hay una foto en blanco y negro en la que se ve a Héctor Oesterheld y su esposa Elsa, junto a sus cuatro hijas, aún pequeñas. Los dos adultos estaban sentados dentro de una enorme cuna, y las niñas están paradas del otro lado de los barrotes, con sus miradas felices por la travesura paterna. Esas cuatro niñas, y el padre, desaparecerían durante la última dictadura. También correrían idéntica suerte, tres yernos y dos de los cuatro nietos. Una familia diezmada. “Una bomba en medio de la Familia Ingalls”, graficó con contundencia Juan Sasturain en el prólogo de El aventurador, el libro que reúne sus artículos sobre Oesterheld,
Un libro de Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami reconstruye esta historia familiar. “Los Oesterheld”, se titula. Una biografía coral que, según dice la contratapa “ muestra cómo, con el plan de aniquilación que incluyó a Héctor y sus hijas, la represión buscó destruir también la brillante vida cultural y política del país”. Se echa luz sobre el militante de base que fue Héctor Germán Oesterheld, su paso a la clandestinidad, mezclando su vida a la vida de cada uno de los integrantes de la familia a partir de quienes los recuerdan y los narran, haciendo hincapié en la voz de la que por entonces era la única sobreviviente de la familia: Elsa Oesterheld., cuyo testimonio dialoga con el desarrollo de la historia y de alguna manera también estructura todo el libro. Un libro que, no por casualidad, lleva como epígrafe una de las líneas de diálogo más escrita por Oesterheld para Ernie Pike. Al terminar de contar la tragedia de dos soldados muertos de manera heroica pero también absurda, dice el personaje: “Tiene que haber un lugar donde estas tragedias hechas de coraje y desencuentros se anoten a favor de la especie humana... tiene que haberlo”.