El más grande
Juan Rulfo es considerado por muchos el mejor escritor latinoamericano del siglo veinte. Su vida misma fue una novela.
culturaJuan Rulfo es considerado por muchos el mejor escritor latinoamericano del siglo veinte. Su vida misma fue una novela.
23/01/2026 - 00:00hs
Nacido en un pueblo olvidado del estado de Jalisco, más o menos al sur de Guadalajara, capital del estado, vivió allí hasta los 10 años, con su abuela y sus hermanos, cuando mataron a su padre. De ahí pasó a un orfanatorio hasta los 16. A raíz de una feroz huelga universitaria que se había desatado en Guadalajara, tuvo que irse a Ciudad de México a proseguir con sus estudios. Se suponía que seguiría la carrera de abogacía- su abuelo era abogado y alguien debía usar su biblioteca-. Pero no pudo pasar el examen extraordinario al que lo sometían y tuvo que empezar a trabajar.
Rulfo empezó a escribir a los 18 años. Por entonces se trató de una novela, más o menos larga, sobre la soledad, y que inmediatamente después la desechó. Lo primero que publicó fueron cuentos en una revista en la que cada uno pagaba su colaboración. Allí nacieron “Nos han dado la tierra” y “Es que somos muy pobres”, que más tarde pasarían a integrar “El llano en llamas”. Era un ferviente lector de literatura rusa y de escritores como Dos Passos, Knut Hamsun y Lord Dunsany.
Diez años antes de empezar a escribir “Pedro Páramo” ya le estaba dando vueltas en la cabeza. Pero hubo un acontecimiento que le dio la clave para desenhebrar ese hilo aun enlanado: fue cuando regresó al pueblo donde vivía y lo encontró deshabitado. “La gente se había ido, así. Pero a alguien se le ocurrió sembrar de casuarinas las calles del pueblo – explicó Rulfo-. Y a mí me tocó estar allí una noche, y es un pueblo donde sopla mucho el viento, está al pie de la sierra madre. Y en las noches las casuarinas aúllan, mugen. Entonces comprendí yo la soledad de Comala. El nombre no existe, no. El pueblo de Comala es un pueblo progresista, fértil. Pero la derivación de Comal es un recipiente de barro que se pone sobre las brasas, donde se calientan las tortillas, y el calor que hay en ese pueblo, es lo que me dio la idea del nombre. Comala: lugar sobre las brasas”.
Durante muchos años se creyó equivocadamente que Rulfo era realista cuando en realidad era fantástico. “En un momento dado Kafka y Rulfo se estrechaban la mano sin que nosotros, perdidos en otros laberintos, nos diéramos cuenta – escribió Augusto Monterroso-. Ni nosotros ni nuestra buena crítica, que creía que lo fantástico estaba únicamente en las vueltas de tuerca de Henry James. Pero los fantasmas de Rulfo están vivos siendo fantasmas y, algo más asombroso aún, sus hombres están vivos siendo hombres. ¿Cómo puede haber escuelas rulfianas a la altura de Rulfo?”.
Lo cierto es que Pedro Páramo no es el verdadero protagonista de la historia: es el pueblo de Comala, que nunca tuvo conciencia de lo que podía darle la situación en la que estaba. Como explicó su autor, es la historia de un pueblo fértil, lleno de agua, de árboles, clima maravilloso y de cómo aquella gente dejó morir al pueblo
Cuenta el premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, a propósito de “Pedro Páramo” : “Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí La metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá –casi diez años atrás– había sufrido una conmoción semejante. Al día siguiente leí El Llano en Llamas, y el asombro permaneció intacto. Mucho después, en la antesala de un consultorio, encontré una revista médica con otra obra maestra desbalagada: La herencia de Matilde Arcángel. El resto de aquel año no pude leer a ningún otro autor, porque todos me parecían menores.”
Es con Juan Rulfo que Eduardo Galeano aprende la sobriedad y economía verbales: “Él me enseñó que se escribe con el lápiz, pero que ante todo debe cortarse con el hacha”. En ese sentido, aseguró: “Juan Rulfo dijo lo que tenía que decir en pocas páginas, puro hueso y carne sin grasa, y después guardó silencio”.