cultura

El poeta que aprendió de los mineros

Gonzalo Rojas es uno de los grandes poetas que dio Chile, ganó el Premio Cervantes de Literatura y decía que en los socavones aprendió a mirar el mundo.

Interés General

27/05/2026 - 00:00hs

Así como a Pablo Neruda se lo veía siempre con gorra, su compatriota, Gonzalo Rojas, aparece en todas las fotos con boina de marinero. Nació en Lebu –en el sur de Chile- el 20 de diciembre de 1916. De niño era asmático y tartamudo, fue el séptimo de los hijos de un ingeniero de minas que murió antes de llegar a los cuarenta años, cuando Gonzalo apenas tenía cuatro. Su madre intentó desesperadamente llevar adelante esa familia numerosa y sin brújula. Pasó su juventud en los burdeles y escribiendo poemas en lugares insólitos. Los primeros versos los escribió a los seis años, una noche de tormenta.

A los diez años, Gonzalo Rojas ingresó en un internado de jesuitas alemanes. A los 23 años se fue a vivir con su mujer a un campamento minero que estaba a tres mil metro de altura: “Esos mineros eran unos locos. Me decían, mire, amigo, cómo se ve el océano, los barcos. Y eran los carbonatos que entraban en combustión directa y, en la noche, se veían como luces de barco, pero qué iban a ser barcos si estábamos a ciento y tanto kilómetros de la costa.” De esos mineros aprendería una manera distinta de mirar la vida. Le decían que no cantara porque la cordillera estaba viva, y era capaz de enojarse y ahogarlos en una lluvia interminable.

Su primer libro de poemas lo publicó a los 32 años bajo el título de “ La miseria del hombre”, donde combinaba lo clásico y lo vanguardista. Gabriela Mistral dijo de ese libro “me ha removido, y a cada paso admirado, y a trechos me deja algo parecido al deslumbramiento de lo muy original, de lo realmente inédito”. Recién dieciséis años después publicaría su segundo libro “ Contra la muerte”. Se definía muy “lentiforme”, no lo desvelaba hacer con sus libros una pila o lograr eso que llaman éxito: “Yo era un moroso por naturaleza. Yo soy un poeta larvario, y me demoro. Cada escritor tiene su bestiario, como decía Cortázar, tenemos devociones por ciertos animales; el mío no es un animal, es un lepidóptero que se llama la mariposa, y es porque la mariposa es oruga y es larva y se demora y llega a la metamorfosis. Ese es el juego mío. Por eso no es tan raro que haya escrito un libro que se llame Metamorfosis de lo mismo, que parece un disparate, pero así se me da el mundo a mí.”

En 1959 conoció China y quedó tan impresionado por esa sociedad, como con Cuba, cuando viajó allí luego de la revolución. A China volvería como consejero cultural del gobierno de Salvador Allende. El golpe de Estado de 1973 lo sorprendió en La Habana, cuando estaba a punto de asumir como embajador. La dictadura militar chilena no le perdonó su ideología, le quitaron la nacionalidad y un decreto de octubre del ’73 lo expulsó de todas las universidades chilenas por ser un “peligro” para la seguridad interna.

La primera escala de su exilio fue Alemania, donde asumió la titularidad de una cátedra en la Universidad de Rostock. Cayó en una profunda depresión: “Envejecer así, pasar aquí veinte años de cemento/ previo al otro, en este nicho/ prefabricado, barrer entonces/ la escalera cada semana, tirar la libertad/ a la basura en esos tarros/ grandes bajo la nieve”. Luego se radicó con toda su familia en Caracas, donde publicó su tercer libro, “Oscuro”, que lo consagró internacionalmente. Las Universidades de México, España y Estados Unidos comenzaron a convocarlo asiduamente. En 1992 recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, ese mismo año el Premio Nacional de Literatura de Chile, y en el 2003,el Premio Cervantes.

Su poesía tiene una sensualidad y vitalidad desbordante. Tenía un sentido del humor muy juvenil, lo que permitió que su obra no envejezca y pueda ser leída con deleite por las nuevas generaciones. Cuando murió, a los 93 años, el gobierno chileno decretó duelo oficial.

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