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La musa de Fellini

Giulietta Masina fue una actriz italiana que logró sus mejores actuaciones bajo la dirección de su esposo, uno de los mayores directores italianos de toda la historia.

Interés General

01/06/2026 - 00:00hs

Giulietta Masina nació en un pueblito cercano a Bologna el 22 de febrero de 1920. Hija de un modesto violinista y de una maestra de provincias. Cuando su madre estaba esperando otro hijo la mandaron a Roma por unos meses, a casa de un tío profesor, que no tenía hijos. Allí pasó su adolescencia y estudió Filosofía y Letras.

Su vida quedó signada para siempre el día en que conoció a Federico Fellini, se enamoró, se casó y se transformó en su actriz predilecta. De esta unión entre director y actriz nacieron varias películas: Luces de varieté, La Strada, Las noches de Cabiria, Julieta de los espíritus, y un personaje, Gelsomina, que toda una generación guarda en su memoria.

Conoció a Federico Fellini cuando hacía el segundo año de la universidad. Tenía 19 años y trabajaba en el teatro de la Universidad y en radio, donde era la primera actriz joven. Fellini escribía historias humorísticas para un diario llamado Marco Aurelio. Una de esas historias narraba la aventura de un matrimonio jovencísimo, Cico e Pallina, que un actor y Giulietta representaban en radio. Un productor de cine, atraído por la historia, le pidió a Fellini que hiciera un guión sobre ese tema y con esos personajes. Como Giulietta había tenido mucho éxito con ese papel, Federico - que no la conocía personalmente- , la telefoneó a la radio para que le enviara unas fotos de ella. Cuando la vio encontró que era exactamente lo que él quería para su personaje: una joven pequeña, delgada y de cara redonda. Se casaron siete meses después. La película nunca llegó a hacerse.

Su primera aparición en cine fue en 1946, bajo la dirección de Roberto Rossellini, en una película llamada Camarada, pero recién al año siguiente, tendría su primer protagónico, en la película Sin Piedad, de Alberto Lattuada.

Cuando Fellini comenzó a rodar La strada, Giulietta Masina debía impregnarse de todos los detalles de su personajes –Gelsomina-, en particular, su manera de sonreír. Un día descubrió que lo mejor para su personaje era que sonriera con la boca cerrada: “Sonreía sin sonreír con la boca, por timidez”. Cuando terminó el rodaje y comenzó a dejar atrás al personaje y tuvo que volver a ser Giulietta, le costó cerca de un año volver a sonreír como lo hacía siempre. Pasó mucho tiempo antes de que dejaran de colarse los gestos de ese personaje en su vida cotidiana. En la calle los niños la saludaban: “Ciao, Gelsomina”, querían besarla. La película, de 1954, es considerada una obra maestra del neorrealismo italiano, recibió cerca de 50 premios internacionales, incluyendo el Oscar a la mejor película extranjera. Cuando La strada se estrenó en Londres, los diarios dijeron a grandes titulares “The Chaplin femenin”. Chaplin vio La strada y le gustó. Dijo en un diario, refiriéndose a Giulietta Masina: “She is an actress. I admire the must”. Tanto ella como él creían en la imagen para expresar el dolor o la alegría.

Con Fellini brilló en todo su esplendor actoral: Las noches de Cabiria, El jeque blanco, Giulietta de los espíritus, Ginger y Fred. Giulietta Masina eligió ser actriz porque era una forma de evadirse. Siempre tuvo una fuerte imaginación. Cuando iba al teatro, escuchaba una fábula o leía una novela, y su curiosidad la empujaba inmediatamente a colocarse en la ropa del otro. Ese deseo de saber cómo son los demás la empujó al oficio de actriz. Supo que la única manera de encontrarse con otros personajes era interpretándolos. Y, a veces, también inventándolos.

Murió a los 73 años, en Roma, apenas cinco meses después que su amado Federico. Ambos están enterrados en el cementerio de Rimini, la ciudad natal del genial director. En 2003 se inauguró junto a su tumba un monumento en bronce realizado por el escultor italiano Arnaldo Pomodoro.

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