cultura

Un escritor entre el frío y las tinieblas

Mihail Sebastián fue uno de los autores más representativos de Rumania en los años del nazismo, que sufrió toda la saña antisemita.

Interés General

18/06/2026 - 00:00hs

Mihail Sebastian, llamado en realidad Iosef Hechter, nació en 1907 en el seno de una familia judía de Braila, ciudad a orillas del Danubio, origen que marcó toda su existencia al considerarse más danubiano que judío. Sebastian perteneció a la más brillante generación de escritores y pensadores rumanos del siglo XX y contó entre sus amigos a Emil Cioran, Mircea Eliade o Camil Petrescu. Desgraciadamente, la irrupción de los fascismos en Europa a principios de los años 30 selló su distanciamiento con ellos y poco a poco lo fue aislando de una vida social bucarestina de la que tanto disfrutaba. En los años de hierro del mariscal Antonescu y los legionarios fascistas, sobrevivió semiescondido escribiendo pequeñas obras de teatro (algunas publicadas bajo seudónimo para evitar las leyes antisemitas) y desahogando su soledad en su interesantísimo Diario (1933 – 1944).

Sus primeros trabajos lo llevan a conocer a otra de sus referencias intelectuales, Mircea Vieru (aquí el modelo parece ser el escritor Camil Petrescu), que es en buena medida la antítesis de Blidaru. Tibio al comienzo, antisemita finalmente, con él mantiene una conversación decisiva, también para el futuro del propio libro. En él encuentra una determinada idea de progreso frente a cualquier otra consideración, que casa mal con las del profesor universitario. Entre ambos, va discurriendo su presente, su trabajo, su crecimiento profesional e intelectual, que también le llevará a Francia. Sebastian deposita en su formación universitaria y como arquitecto, en esas primeras construcciones, el peso intelectual de la historia, su lado más racional.

Sebastian adquirió pronto renombre como periodista al graduarse, pero seguía apostando en secreto por las novelas que estaban escribiendo y que el profesor de lógica Nae Ionescu había prometido prologar. Así llegamos al año 1934. Sebastian termina su novela y se la entrega a Ionescu para que la prologue. Entretanto, soflamado por los nuevos aires que soplan desde Italia y Alemania, Ionescu había comenzado a alejarse del cosmopolitismo paneuropeo y a predicar las bondades del fascismo mussoliniano y del programa de depuración nacionalista que pregona Adolf Hitler desde las páginas de Mein Kampf. Ionescu no se había sumado aún al movimiento ultranacionalista Guardia de Hierro (hecho que produciría el quiebre de Criterion), pero el texto que escribe para la novela de Sebastian (una saga sobre los judíos del Danubio titulada Desde hace dos mil años) es de una virulencia estremecedora. En todo el prólogo se refiere a Sebastian no por el nom de plume elegido sino por su apellido judío, sostiene que la identidad rumana se basa “inalienablemente” en el cristianismo ortodoxo y dice cosas tan incendiarias como: “Iosef Hechter, tú estás enfermo porque sólo puedes sufrir. Iosef Hechter, ¿no sientes cómo se apoderan de ti el frío y las tinieblas?”.

En agosto de 1944, cayó el régimen pronazi de Antonescu, los rusos entraron en Bucarest y Rumania se sumó a los aliados en la arremetida final contra Alemania. Menos de tres meses después, rehabilitado por el nuevo gobierno con una cátedra en la recién fundada Universidad Libre y Democrática, Mihail Sebastian esperaba el tranvía para ir a dar su primera clase cuando un camión lo atropelló y lo mató en el acto.

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