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Un hotel hecho de hielo

Todos los años, cíclicamente, se produce un prodigio arquitectónico convertido en meca del turismo de elite.

Interés General

30/03/2026 - 00:00hs

En un lugar llamado Laponia, doscientos kilómetros del círculo polar ártico, irrumpe todos los años un edificio magnífico que se conoce con el nombre de Ishotellet. Su construcción se inicia todos los años en el mes de octubre, cuando ya es invierno por esas latitudes, y un puñado de los mejores escultores lapones y suecos se reúnen allá y ponen manos a la obra. El agua del río Torne es de una rarísima singularidad al congelarse: por ser agua fluyente da un hielo sin burbujas, y por su calidad inigualable –es de las poquísimas aguas no contaminadas en todo el norte de Europa–, tiene una transparencia y una calidad que ofrece a los escultores que levantan el Ishotellet la mejor materia prima imaginable.

En invierno, el río se congela y se integra al paisaje nevado, y en verano se transforma en una fuerza imparable que fluye a través de bosques y montañas. El río Torne es uno de los cuatro ríos nacionales de Suecia y uno de los últimos cursos de agua vírgenes de Europa. La singular relación entre Ishotellet y el río Torne demuestra cómo la naturaleza y la creatividad humana pueden coexistir en armonía. Por su parte, Laponia es un lugar donde el sol de medianoche brilla en verano, para luego permanecer inmóvil en invierno. Un sitio donde la nieve cubre el paisaje como un manto resplandeciente durante ocho meses al año y las auroras boreales danzan en el cielo en un espectáculo mágico.

Todo en el Ishotellet es de hielo: los pisos, las paredes, los techos, las mesas, las sillones, las camas, las lámparas, los platos para comer exquisitos platos fríos, los vasos para beber en el bar, cuyo mostrador y taburetes también son de hielo. Todo, todo es de hielo en el Ishotellet. Sobre las camas y cada superficie donde sentarse se colocan pieles de reno, cuyo carácter impermeable y aislante hace tolerable la inmovilidad y altamente disfrutable la charla y la contemplación del panorama circundante: un paisaje lunar, con una luz que más que luz es como un resplandor azulado a lo largo del brevísimo día y la prolongada noche. Cada habitación del Ishotellet es única porque es obra de un escultor diferente y cada uno de ellos le da a la suya un tema específico. Lo que comenzó como una simple idea en una fría noche de invierno se ha convertido hoy en una aventura ártica única, famosa en todo el mundo.

Al explorar los recuerdos de Carol Sturka, la protagonista de la serie “Pluribus” de Vince Gilligan, se muestra un espacio completamente de hielo rediseñado como refugio íntimo para vacacionar en pareja, lo que llevó a muchos espectadores a preguntarse si el lugar puede visitarse en la vida real. Ese alojamiento no recibe un nombre concreto; solo se menciona que está situado en territorio noruego y que su habitación fue esculpida por un artista premiado en una competencia internacional. Aunque el sitio es inventado, su estética está claramente inspirada en los verdaderos hoteles de hielo que funcionan cada invierno en la zona ártica del país escandinavo.

El Ishotellet es, cada año, un espectáculo irrepetible, porque se extingue naturalmente cuando los primeros soles de la primavera nórdica comienzan a derretirlo, en el mes de mayo. Lejos de lamentarlo, sus autores comienzan ahí mismo a planear el Ishotellet del año siguiente, por una razón más que atendible: el Ishotellet no sería el Ishotellet sin su fantasma, y sus artífices no quieren espantar ni despertar las iras de ese espectro que es la secreta razón de ser del Ishotellet, porque su función es producir en los huéspedes una ráfaga de estremecimiento que, según todos aquellos que la han experimentado, reúne en un mismo espasmo el deseo de permanecer para siempre en esa posición, en ese lugar, contemplando las estrellas a través del techo transparente,

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