Un laburante que jerarquizó al teatro
Carlos Carella fue un actor que enalteció los escenarios argentinos por la fuerte humanidad que confirió a cada uno de sus personajes.
culturaCarlos Carella fue un actor que enalteció los escenarios argentinos por la fuerte humanidad que confirió a cada uno de sus personajes.
20/06/2026 - 00:00hs
Nunca necesitó apelar a recursos altisonantes para sobresalir y permanecer en el público, aunque lo excluyeran del cine, la radio y la televisión. A los 16 años, cuando su madre lo echó de su casa, Carlos Carella comenzó en una ardua batalla por la supervivencia en la que nunca depuso la dignidad. El trabajo en talleres, alguna fábrica, sus estudios de declamación, la presentación de orquestas típicas, fueron forjando una temprana conciencia de clase. Pero la actuación fue lo que le permitió encontrar el sentido de su vida. De la mano de grandes maestros recorrería todo tipo de escenarios hasta perfilar al hombre fuerte y duro que exigen sus personajes, pero que él se encargó de ablandar con la gran carga de ternura y amor que nunca relegó.
Carella no se consideraba una “figura vendedora” para las revistas del ambiente. En primer lugar, nunca le interesó exponer su vida íntima: “La vida hacia afuera tiene que ver exclusivamente con mi trabajo y, en general, la tarea que yo casi siempre he encarado no tiene una repercusión de tipo masivo. Yo creo que es un poco producto de mi actitud frente a ciertas y determinadas cosas, que tienen que ver con un periodismo especializado”.
Pasó su infancia y adolescencia en Ramos Mejía. Pero en 1939 recaló en el Once para nunca más irse. No era hijo de actores, pero participó de una generación que vivió el teatro intensamente. Su madre conoció todas las compañías habidas y por haber; su abuelo materno, también. Pues era gente que concurría permanentemente al teatro: “Siempre digo que uno de los problemas más grandes que tiene la juventud en este momento para acercarse al teatro es la veda que se ha impuesto a los menores. Porque yo he asistido a todos los espectáculos teatrales que se daban en Buenos Aires, siempre yendo con mi familia, que no dejaba de llevarme a ninguna parte”.
Sin embargo, Carella había empezado a hacer teatro por inquietudes de escritor. Ingresó en el antiguo Conservatorio Nacional de Arte Dramático, cuando lo dirigía Cunill Cabanillas. Pero no pudo estar más de un año, porque también había empezado a trabajar (por entonces estaba en una fábrica de juguetes de plomo) para colaborar económicamente en su hogar. Pero allí conoció a Alicia Berdexanger y a Eva Dongeé, y con esta última hizo su primer espectáculo en la Casa del Teatro. “Con unos entretelones muy graciosos – recordaba el “Negro”- porque había una chica que había puesto la plata para el espectáculo, y en el medio de la obra hacía un zapateo vestida de frac, dos canciones, también tocaba el piano, era un horror. Pero como había puesto al guita…”.
A comienzos de la década de 1950, Carella debe tomar una decisión definitiva: vivir o morir de la profesión. Gestado en el teatro independiente, participó en muchas de las cruzadas que buscaban jerarquizar el teatro argentino. Entre sus papeles más recordados se encuentran los que realizara en la serie televisiva Cosa juzgada de David Stivel y las películas El rigor del destino y Operación masacre.
En teatro, la lista de obras en las que participó, como actor y también director, es extensa, pero el solía rescatar unos pocos títulos que le dieron las máximas satisfacciones "El acompañamiento", "Sin salida" y "Las de Barranco", donde encarnaba a doña María, la madre.
Cuando le preguntaron qué cosas eran las que más habían cambiado en el teatro con el paso del tiempo, Carella aseguró: “Te diría que lo que más ha cambiado, y por eso mismo lo siento como un abandono del público, es el ámbito teatral. El actor, antes, necesitaba tener un organismo fuerte, porque tenía que llegar a mil personas. Hoy se ha reducido lo que se ha dado en llamar el instrumento, porque como se han achicado todas las medidas de los teatros, todo es para adentro. Esto hace que aparezcan carencias que no se ven como defectos, pero que para mí lo son”. Carella falleció el 9 de mayo de 1997. Luego de su muerte, los premios al mejor actor y actriz que entrega el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata llevan su nombre.