cultura
Crítica de la razón bruta
La actual es la civilización más violenta de toda la historia, la racionalidad registró avances inimaginables pero no evita los peores desbordes
En la imaginación del público, las sociedades humanas de la prehistoria se perciben en general como violentas y en conflicto permanente, pero debemos preguntarnos si eran tan violentas como las contemporáneas. Solamente los vestigios arqueológicos pueden proporcionarnos elementos para responder a esta interrogante. Para caracterizar un acto como violento, los arqueólogos analizan los impactos de proyectiles y las heridas presentes en los hallazgos de restos óseos humanos fosilizados, el estado de conservación de los esqueletos y el contexto en el que se han descubierto.
Luis Frontera fue un periodista y poeta argentino autodidacta, cuyo único estudio regular y oficial fue la escuela primaria. Tenazmente, se fue haciendo a sí mismo, sobre la marcha. En uno de sus artículos más lúcidos, publicado por la revista Humor, planteó que la brutalidad, sin duda, ha sabido ganarse un lugar preponderante en nuestras costumbres. Hay quienes más, quienes menos, pero son muchos los que suelen alegrarse con otro tipo de ignorancia de la inteligencia, de la que los argentinos solemos hacer gala, que es la ignorancia de la inteligencia, la brutalidad de los razonamientos. Concretamente: la tesis es que nuestro país posee los seres brillantes, los sabios, los intelectuales, y líderes en general, con mayor dosis de brutalidad que pueda demandarse.
Las huellas más antiguas de violencia del hombre de que disponemos actualmente son las resultantes de la práctica del canibalismo. En efecto, en osamentas humanas del Paleolítico se han observado vestigios de desarticulaciones, descarnaduras, fracturas y calcinaciones de cuerpos. Lo cierto es que la violencia no está inscrita en los genes del ser humano y su aparición obedece a causas históricas y sociales. La noción de “violencia primigenia” es un mito y la guerra no es un elemento íntimamente ligado a la condición humana, sino el producto de las sociedades y de sus correspondientes culturas.
Así como Emanuel Kant escribió la prodigiosa “Crítica de la razón pura”, Frontera, con títulos propios y nacionales que lo habilitan, se atrevió a desarrollar una modesta “Crítica de la razón bruta”. En ese sentido, recuerda, por ejemplo, que Carlos Guido y Spano fue uno de los mayores poetas y pensadores argentinos del siglo XIX. Se le deben aquellos populares versos de Nenia: “Llora, llora, urutaú/en las ramas del yatay/ ya no existe el Paraguay, donde nací como tú”. He aquí un caso, sino de razón bruta, por lo menos de ignorancia concatenada: el urutaú es un pájaro que no llora (como sí llora el cardenal), el yatay es un árbol que no tiene ramas. Finalmente, uno deberá salirse de la distancia del castañazo, si le pregunta aun paraguayo si Paraguay existe. Existía, como patria que intentaba la independencia con desarrollo industrial, en aquellos funerarios tiempos en que la Triple Alianza decidió ahogarla en sangre y fuego.
En síntesis: según Frontera, los brutos en nuestro país son bolsa de gatos. Pero, en contrapartida, los sabios- brutos, parecen cuatro gatos en una bolsa. La brutalidad sabia ya había sido prevista por Maquiavello: “El hombre es un animal que pelea con la razón”. Y podríamos completar ese pensamiento con la siguiente advertencia: ¡Dios te libre del tarascón de un bruto, cuando este bruto es un bruto cargado de razón!
