Inició la reunión de los cancilleres del G7
Francia, que ejerce la presidencia rotativa este año, fijó como uno de los principales objetivos abordar las causas de la actual inestabilidad global.
Los ministros de Exteriores del G7 se encuentran reunidos desde ayer en las afueras de París con el objetivo de reducir diferencias con Estados Unidos sobre la guerra en Medio Oriente, en un contexto marcado por nuevas advertencias de Washington contra Irán y con otras crisis como Ucrania y Gaza en la agenda. El encuentro, que concluirá hoy, tiene lugar en la abadía de Vaux-de-Cernay, mientras la Casa Blanca afirmó que el presidente Donald Trump está dispuesto a “desatar el infierno” si Irán no acepta un acuerdo para poner fin a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra la república islámica.
En su primer viaje al extranjero desde el inicio de la escalada, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, se unirá esta jornada a otros altos diplomáticos de Canadá, Alemania, Italia, Francia, Japón y el Reino Unido. Uno de los objetivos de Francia, que ostenta la Presidencia rotatoria del G7 este año, es “abordar los importantes desequilibrios globales que explican en muchos aspectos el nivel de tensión y rivalidad que presenciamos, con consecuencias muy concretas para nuestros conciudadanos”, declaró en la víspera del encuentro el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot. Con Líbano impactado por los ataques de Israel tras el lanzamiento de cohetes por parte del grupo chiita Hezbolá, respaldado por Irán, Barrot también instó al Estado de mayoría judía a “abstenerse” de enviar fuerzas para tomar el control de una zona en el sur del Líbano.
Con el fin de ampliar el alcance del selecto grupo del G7, cuyos orígenes se remontan a la primera cumbre del G6 celebrada en el cercano Castillo de Rambouillet en 1975, Francia también ha invitado a los ministros de Asuntos Exteriores de mercados emergentes clave como Brasil e India, así como a Ucrania, Arabia Saudita y Corea del Sur.
En paralelo, los ministros abordaron la necesidad de reformar los mecanismos internacionales de gestión de crisis y reconstrucción, con especial atención a las cadenas de suministro humanitario y a las operaciones de mantenimiento de la paz, con presencia también de responsables de instituciones financieras internacionales para tratar cuestiones como la reconstrucción de infraestructuras estratégicas. El tercer eje estuvo centrado en amenazas globales que trascienden las fronteras, como el narcotráfico, la criminalidad organizada, la seguridad marítima y portuaria o los flujos migratorios.
