El Marqués de Sade español
Luis Berlanga hizo un cine en el que el erotismo tuvo un tratamiento artístico que lo mantuvo alejado de la pornografía.
culturaLuis Berlanga hizo un cine en el que el erotismo tuvo un tratamiento artístico que lo mantuvo alejado de la pornografía.
16/05/2026 - 00:00hs
Luis Berlanga nació en Valencia y es considerado junto con Juan Antonio Bardem como impulsor del movimiento renovador del cine español, cuyos comienzos pueden ubicarse en la década del 50. Sus películas son deslumbrantes por la profundidad y la violencia con que dice lo que se supone. Según él, siempre hizo el cine que quiso y nunca rodó por compromiso. Se le ha tachado de anarquista muchas veces, pero el se autodefinía como “cristiano, anarquista y liberal”.
Cursó estudios de Derecho y Filosofía y Letras, aunque los abandonó para ingresar en 1947 en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, donde más tarde sería profesor. Allí hizo amistad con Juan Antonio Bardem, con el que rodaría su primera película, Esa pareja feliz (1951). En 1952, ya en solitario rueda Bienvenido, Mister Marshall con guion escrito por él junto a Bardem y Miguel Mihura, premiado en el Festival de Cannes. Autor de un cine tan cáustico como popular, enraizado en los esperpentos de Valle Inclán y en las pinturas negras de Goya, Berlanga fue el creador de varias de las mejores películas de la historia del cine español. En 1961, en colaboración con Rafael Azcona, rueda Plácido, una denuncia a la hipocresía social de la época, que fue nominada al Oscar a la Mejor Película Extranjera. En el año 1963, también con Azcona, realiza El Verdugo, que obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de Venecia.
Parafraseando a Cela, aseguraba que “el erotismo es la pornografía vestida por Christian Dior”. Pero que la gente tenía miedo al desnudo, y por eso también había que vestir a las palabras para que tuviesen libre tránsito. Cuando María Esther Gilio le consultó cuál era el sentido de invertir tiempo y dinero en pornografía, él le respondió con otra pregunta: “¿Cuál es el sentido de descubrir minuciosamente cualquier conducta humana?”. Para Berlanga, no obstante, la pornografía tenía una sola transcripción posible: la literaria. Porque todo el juego de la fantasía, necesario y mágico, paradójicamente no era permitido por el cine: “Hay una tiranía del discurso cinematográfico que coarta las elucubraciones personales. En cine sólo admite la reproducción simple y directa del acto sexual”.
Se dice que la película más triste que rodó Berlanga se titula “Tamaño natural”. El tema – la soledad del hombre- justificaría esa tristeza. Michael, su protagonista, al sustituir una mujer real por una muñeca buscaba establecer una relación que le permitiera ser tal como es, sin prohibiciones ni pautas estatuidas por otros, sin limitaciones de ningún tipo; buscaba crear un mundo a la medida de su deseo. Las mujeres de Berlanga son castradoras, pero sus hombres no son mejores. En general son débiles. Y, en cuanto a Michael, no pudo escapar de las normas de la sociedad represora porque él también había sido deformado: “Es una víctima más. Los celos, el afán de posesión no han desaparecido. Esa relación terminará por adquirir las características de una relación de pareja corriente. Se reproducirá allí la clásica relación víctima- victimario”.
Tras la muerte de Franco y con la democracia, Berlanga volvió a rodar en España y se abocó a la delirante serie iniciada por La escopeta nacional (1977) y que continuó Patrimonio nacional (1981) y Nacional III (1982), sarcásticos frescos sociales dominados por la aristocrática figura en decadencia del marqués de Leguineche. Berlanga falleció en Madrid, en 2010.