cultura

El testamento de Ernesto Sábato

Abbadon el exterminador fue la obra con la que el escritor argentino cerró su ciclo novelístico, aduciendo que ya no tenía nada más que aportar desde la ficción.

Interés General

01/07/2026 - 00:00hs

La lectura de Abbadón el exterminador, la novela final de Ernesto Sábado –publicada en 1974-, puede funcionar también como guía de turismo, como hoja de ruta de las esquinas y paredes que cobijaron a los demonios de su mente. El título del libro hace referencia a una instancia bíblica. En el “Apocalipsis según San Juan”, Abbadón es uno de los jinetes endemoniados. Su nombre es de origen hebreo y significa “destructor”. Después de muchas dudas, Sábato eligió ese título porque tiene que ver con el sentido general de la novela, a su aspecto apocalíptico, a cierto sentido religioso que sintetiza Abaddón, en cuanto es el Angel del Abismo. Una forma de calificar los tiempos en que fue escrito el libro tan emparentados al espanto de estos tiempos.

Varios de los lugares que aparecen en Abbadón ya habían aparecido en la anterior novela de Sábato, como la plazoleta que circunda la iglesia de Belgrano. El autor, incluso, había armado un plano en el que las calles eran azules y tenían anotado su nombre al costado. Algunos lugares estaban borroneados con birome verde. En rojo había anotaciones del tipo: “Situar escena caserón”, “Pavimentos muy viejos y de piedra”.

Alguna vez dijo que, de no vivir en Santos Lugares, le hubiera gustado tener una casa por Belgrano R, por sus caserones y arboledas. Era capaz de pasarse días buscando un lugar donde ambientar la conversación de una de sus novelas. En una casa de la calle Conde equina Monroe, entre palmeras y columnas descascaradas, sitúa una conversación de su última novela entre dos personajes llamados Nacho y Agustina. A las 3 de la mañana de una noche de invierno, viendo en el terraplén de enfrente correr un tren fantasmagórico, Sábato comprobó que ese lugar tenía el misterio necesario para que esa escena tuviera lugar. Dijo Sábato: “El sentimiento metafísico no es algo que tienen solo los que viven en países de Europa. Para mí, pensar en la existencia del hombre y en el sentido de su vida es algo que está en el interior de cada ser, aún el más humilde”.

Los personajes de sus novelas eran creados como en las pinturas de los surrealistas: a partir de fragmentos reales hacía combinaciones imaginarias. En un café que efectivamente existía en la calle Junín, hace transcurrir una escena de Abbadón el exterminador, en la que el propio Ernesto Sábato aparece como personaje. Se jactaba de conocer a Buenos Aires, palmo a palmo. Y es en esas viejas calles conocidas donde Sábato plantea sus búsquedas metafísicas.

Le gustaba tomar jugo de ananá con ginebra. Era un hombre crispado para manejar que solía dejar puesta la llave del coche: “A los ladrones es mejor no irritarlos entorpeciéndoles su tarea”. Decía que sus obras están escritas con sangre y se vinculan al drama de nuestros días. También decía que lo máximo que puede hacer un escritor por sus lectores es mostrarse ante ellos como realmente es. Desnudarse y decir la verdad. Sin temor ni segundas intenciones.

Lo entusiasmó trabajar con una artista de nuestra ciudad, la bailarina Iris Scaccheri, en una obra que iba a ser como un misterio ritual con música y coreografía, hecha con fragmentos de las obras de Ernesto Sábato. Tardaba mucho en escribir una obra. Terminó “El túnel” en 1948 y “Sobre héroes y tumbas” recién apareció trece años después. No era perfeccionista, reconocía que sus novelas están llenas de irregularidades, sino porque andaba a los tumbos y entre tinieblas peleando contra enemigos invisibles.

La suya fue la aventura de uno hombre que había rechazado la aventura de la física –una promisoria carrera iniciada en los laboratorios Curie-, para extraviarse sin remedio en los laberintos de la literatura. Fue un francotirador de la literatura. Un solitario. Pensaba que cada escritor debe trabajar al pie de su cañón, con su escritura: “Los cenáculos esterilizan a los creadores. Trabajo apartado porque es la única manera de encontrar lo que busco”.

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