Historia de una obsesión
Mark Harris fue un profesor estadounidense de literatura que echaba mano a cualquier recurso para alcanzar sus objetivos.
culturaMark Harris fue un profesor estadounidense de literatura que echaba mano a cualquier recurso para alcanzar sus objetivos.
29/06/2026 - 00:00hs
En los doce meses posteriores a la salida de Herzog, la novela de Samuel Bellow, el escritor recibió más de tres mil cartas en su domicilio. Uno de ellas era de un tal Mark Harris. Harris no era un desconocido para Bellow: había empezado a escribirle cuatro libros antes. Tenía sólo siete años menos que Bellow, enseñaba literatura en la Universidad de Minnesota (donde Bellow había tenido su primer trabajo), había publicado un par de novelas (como Bellow a los cuarenta), era judío (nombre completo: Mark Harris Finkelstein) y no sólo había logrado que su ídolo le contestara una carta: en 1961, cuando volvía en auto de entrevistar a Robert Frost para la revista Life, logró que Bellow lo tuviera de huésped una tarde entera en su casa y hasta le leyera en voz alta páginas de la novela que iba a llamarse Herzog tres años después
Harris supo que quería ser periodista cuando cumplió 14 años. Luego se convertiría en un autor galardonado por novelas como “Bang the Drum Slowly” y “The Southpaw”; sus experiencias durante la guerra influyeron en su escritura. Sus historias suelen explorar temas como el deporte, la identidad y la lucha personal. Asimismo, impartió clases de escritura creativa en la Universidad Estatal de Arizona desde 1980.
Por su parte, Bellow, en 1941, se había naturalizado estadounidense, después de descubrir, al intentar alistarse en las fuerzas armadas, que, de niño, había inmigrado a los Estados Unidos de manera ilegal. Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la Marina Mercante y durante su servicio completó su primera novela, Dangling Man (1944), sobre un joven de Chicago que esperaba ser reclutado para la guerra. De 1946 a 1948 impartió clases en la Universidad de Minnesota. En el otoño de 1947, tras una gira para promocionar su novela La víctima, se mudó a una casa antigua y espaciosa en el número 58 de Orlin Avenue SE, en el barrio de Prospect Park de Minneapolis. Estuvo casado en cinco ocasiones y tuvo tres hijos y una hija. Considerado un referente dentro del grupo de escritores judíos estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX, Bellow fue uno de los escritores más aclamados de una generación de autores que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial.
Lo cierto es que Harris logró mantener contacto epistolar y hasta personal con su ídolo, sin lograr nunca que éste le contestara el pedido de aquella carta en la que le solicitó humildemente: “¿Puedo ser tu biógrafo?”. Con el paso del tiempo, Harris sintió que había ido alcanzando la sabiduría de Bellow: “De golpe empecé a sentir cosas que hasta entonces sólo experimentaba a través de sus libros”. Para entonces, Bellow ya ha ganado su segundo Pulitzer, su tercer National Book Award, el Nobel. Y, luego de ingentes gestiones, Harris ha logrado convencerlo para que vaya a dar una conferencia en su universidad. Es su triunfo. Pero cuando llega el ansiado momento de recibir a su ídolo delante de todos, siente un anticlímax: “¿A quién podía interesarle ver a ese hombre gris cuando uno podía simplemente leerlo?”.
Harris finalmente publicó su libro en 1980 (ninguna editorial grande se interesa; lo saca con la Georgia University Press). Envió un ejemplar a Bellow. Lo llamó para conocer su opinión: “Me agotaste. Que no es lo mismo que convencerme”, es todo lo que le dice Bellow. Lo notable es que esa escena es parte del libro de Harris: figura a página y media de llegar al final, justo antes del extraordinario episodio con que cierra el libro.