cultura
Un artista que atraía las polémicas
Astor Piazzolla fue virulentamente discutido por los tangueros y por algunas de sus posiciones políticas. Más allá de eso su música forma parte de la identidad porteña.
Por separadas, hay piezas del rompecabezas que pueden ser puestas en entredicho; pero unidos en la figura final, forman un conjunto que sigue despertando admiración y que lleva para siempre el nombre de Astor Piazzolla.
Durante el set de filmación de “El día que me quieras”, Carlos Gardel le dijo a Astor Piazzolla –quien hizo en la película un breve papel de diariero–: “Vas a ser algo grande, pibe, te lo digo yo. Pero el tango lo tocás como un gallego”. El dios del tango ya había advertido en el bandoneonista niño a un futuro hereje.
Dice el experto Diego Fischerman que, desde los propios inicios del tango hubo una tensión: “De un lado estaba la música popular propiamente dicha, ligada a funcionalidades sociales claras (el baile, sobre todo); del otro, una música artística de tradición popular, en que la escucha se perfilaba como función predominante”. Pero Piazzolla llevó las cosas más lejos, desde que grabó en París un disco en 1955, donde predominaban los temas propio, y donde la música estaba lejos del tango como danza tradicionalmente entendida. El propio Piazzolla explicaba así el espíritu de algunos de sus temas de entonces: “’El Desbande’, que tiene un comienzo del tipo de ‘El Tamango’, de Carlos Posadas, sigue después con las variaciones endemoniadas y terriblemente difíciles que ya empleaba yo. Y en la parte final tiene un valseado. Entraba a dejar de lado el ritmo clásico, a olvidarme de los bailarines, a tocar para que la gente escuchara...”
En 1959 Astor Piazzolla compuso de una de sus obras mayores. Estaba de gira en Centroamérica, junto a los bailarines Juan Carlos Copes y María Nieves. Antes de una actuación e Puerto Rico, recibió la noticia de que su padre, Vicente Piazzolla - apodado Nonino-, había muerto en un accidente de bicicleta en su ciudad natal, Mar del Plata. Astor pidió que lo dejaran solo. Fueron varias horas de silencio absoluto. Luego se empezaron a escuchar las primeras notas, lentas y tristísimas, de una de las más bellas melodías de la música popular de nuestro país.
En 1967 Astor Piazzolla le propuso a Horacio Ferrer que trabajaran juntos: “Mi música es igual a tus versos”. A los dos años, el poeta uruguayo se apareció en la casa de Piazzolla, con un verso que venía dándole vueltas en la cabeza: “Yo sé que estoy piantao”. Piazzolla pensó que debía llevar una música valseada, Ferrer quiso que tuviera un recitado al comienzo y otro por la mitad. Y así, con ideas de uno y de otro, nacería la inmortal “Balada para un loco”, una canción que tendría versiones en muchos idiomas y géneros musicales.
La resistencia a Piazzolla no vino desde los jóvenes que cultivaban el rock –los que, en buena medida, se identificaban con él-, sino desde el interior de la guardia vieja del tango que lo consideraban un cuerpo extraño. Los cultores de un género que hacia fines de los cincuenta parecía estar en retirada rechazaban a quien venía a infundirle sangre nueva. “No me creo dueño de la verdad. Lo que en realidad trato es de interpretar la lógica evolución del tiempo palpando las emociones de la hora actual”, escribía Piazzolla en la contratapa de Nuestro Tiempo, un disco publicado en 1962. Su disrupción lo llevaba a inventar sonoridades como las provocadas por el arco del violín golpeando las cuerdas o los dedos percutiendo en la botonera del bandoneón, audacias que sumadas a su formación en la música clásica, sus influencias del jazz, y las profundas raíces de ese tango que él conocía tan bien, hicieron que su música se convirtiera en el mapa de una época y una ciudad.
Astor Piazzolla sufrió una trombosis cerebral en 1990, murió casi dos años después, el 4 de julio de 1992, y fue colocado -con esa autoridad que tiene la muerte de barrer de un plumazo todas las banalidades-, como un gran músico a secas, por encima de todas banderías musicales y mezquindades de tribu. Un músico para quien el cambio no se detuvo nunca.
