cultura
Entrevista a Sandra Russo
La escritora y periodista acaba de publicar Nena, una novela que es un viaje hacia su infancia en los años previos a la última dictadura.
Muchos la conocieron a partir del programa 6,7,8, pero Sandra Russo tiene una historia profesional que excede en mucho esa experiencia periodística. Con una prosa tejida con muy matizados hilos, enhebra reflexiones en las que resplandece la honestidad intelectual, o se interna en la ficción con relatos cuidadosamente construidos. Nena es su primera novela, con sustrato autobiográfico y una deriva ficcional.
—En este viaje hacia tu infancia que fue la escritura del libro, probablemente hayan aparecido recuerdos que no sabías que estaban ahí y, también, descubrimientos.
—Este es un libro muy diferente a cualquier otro. Este debe ser el número 16 de libro publicado, pero nunca había hecho algo así. Es un libro raro, porque lo escribí en el teclado del teléfono. Y la verdad que escribir una novela en el teclado del teléfono, en posición horizontal, en un estado de conciencia de madrugada, creo que fue una especie de terapia. Por eso me gustó después descubrir que había contado una historia - primero pensé que era pura catarsis-, y después empecé a ver que es una novela ensamblada en capítulos que son, a su vez, textos breves.
—Hay muchos recuerdos de la primera infancia.
—Nosotros no solemos recuperar habitualmente, en nuestra vida cotidiana, recuerdos de nuestra primera infancia. Más bien son más tardíos los recuerdos emocionales. Pero, por ejemplo, el primer capítulo de Nena es una escena de una nena con sus padres. Eso sí es biográfico, y yo recuerdo que ese día descubrí qué era la mentira. Lo tengo clarísimo: viendo mentir a mi mamá. Es muy fuerte acordarte cuándo fue la primera vez en tu vida que registraste la palabra mentira y que eso lo haya provocado tu mamá.
—¿Cuál es el tono del libro?
—El libro trata de tener un tono ameno y seco, porque parece ligero pero no cuenta una historia muy ligera que digamos. Mi madre tuvo una vida muy complicada y, por añadidura, la parte que compartí con ella también. Fue una experiencia profunda, intensa, que dio por resultado un libro que creo es bastante sencillo de leer.
—¿Cómo construiste la voz de la niña?
—Fue una de las cosas más interesantes de la escritura porque no es demasiado cronológico el libro. Voy tomando escenas, y por ahí entre una escena y la otra pasaron dos o tres años. Ese fue un ejercicio interesante porque yo lo escribía y trataba de buscar ese momento, y me salía la voz de la edad que tenía. O sea, el manejo de las voces va evolucionando: primero ella no tiene palabra (hay un narrador que cuenta lo que pasa porque ella es muy chiquita), después está su percepción en el jardín de infantes, donde todos hablan un idioma que ella no comprende y eso lo asocia con su mamá a la que tampoco comprende. Pero después, cuando ya tiene palabra, yo traté de buscar el tono de reflexión, el tono coloquial de cada edad de esa nena que va creciendo. En realidad siempre es mi voz, pero se va adaptando a los diferentes recuerdos.
—¿Esa niña ya tenía cercanía con los libros?
— Sí, mi familia no tenía contacto con los libros, pero mi tío me regaló El Principito y el Martín Fierro. Yo apenas aprendí a escribir, empecé a escribir poesía. Eso fue muy rápido; la lectura fue escalando muy rápido. Apenas tuve el primer libro no pude parar de leer, porque además era una escapatoria de mi casa.
—¿Qué cosas de estos tiempos te llevaron a hablar de aquellos tiempos, a poner el foco en ese período de tu vida?
—Estoy muy intoxicada por la actualidad, porque no puedo zafar. No puedo decir "hoy no miro noticias porque me siento mal"; tengo que hacerlo porque a la noche tengo que hablar 20 minutos sin leer y la única manera de tener un hilván en la cabeza es estar mucho sobre las cosas que tenés que decir. Entonces estoy como muy agobiada con la realidad nacional y global, porque me sumerjo en ella todos los días, y yo necesitaba salir de ahí. Y la narrativa para eso es un bálsamo sanador.
—La literatura te puede llevar a cualquier parte.
—A mí me llevó a esa época. También tiene algo de terapéutico: si vos leés con detenimiento el libro, pese a todas las guachadas que me hizo mi madre, no es un libro escrito con rabia ni con acusaciones, es un libro piadoso. Porque a través de este libro yo quise entender a mi mamá: hizo lo mejor que pudo.
