cultura

La vigencia de la Nueva Trova cubana

Pese a que nació hace seis décadas, ese movimiento artístico nacido en una isla del Caribe, sigue resplandeciendo de novedad.

El fenómeno de la Nueva Trova cubana (Nueva en el sentido que les tocó hacerla en la nueva Cuba revolucionaria) ha sido un fenómeno comparable a todos los movimientos de lo que se llamó la “nueva canción” y que se dio en varios países de América Latina. Como el de Argentina, con Mercedes Sosa, César Isella y Armando Tejada Gómez. No obstante, lo que le da más trascendencia a la Nueva Trova es que probablemente haya sido el único movimiento de ese tipo que tuvo el privilegio de alcanzar la mayoría de los objetivos que se había propuesto al comienzo.

Pablo Milanés, junto con Silvio Rodríguez y Noel Nicola, se constituyó en uno de los fundadores de dicho movimiento que ha conmovido a millones de cubanos. Fue la ciudad de Bayamo, cuna de la cultura cubana y del himno nacional, quien vio nacer en 1943 a Pablito, como cariñosamente le llaman sus admiradores. Sin embargo, se formó como músico en el Conservatorio Municipal de La Habana. Su magnífica voz, melosa y suave, lo distingue entre los integrantes de la Nueva Trova, para convertirse entre otras cosas en su sello personal.

Asimismo, hablar de Silvio Rodríguez es hablar de una voz que atraviesa fronteras y décadas. Desde los años sesenta, cuando comenzó a cantar con una guitarra prestada en los estudios de la televisión cubana, su nombre se volvió sinónimo de una generación que creyó posible transformar el mundo con poesía y convicción. Silvio nunca fue un cantante complaciente. Su obra no encaja en los moldes del entretenimiento, sino en los pliegues de la duda, el compromiso y la búsqueda constante.

Cuando llega la revolución, en Cuba se estaba gestando un cierto nacionalismo en la canción, nacionalismo que también se daba en otros terrenos, como el político. Y ese fenómeno tan profundo no fue un simple cambio circunscripto a lo local; por el contrario: fue una verdadera revolución internacionalista que no tenía precedentes en toda la historia latinoamericana. Por esa razón, el movimiento intelectual en general quedó a la zaga de lo que fue la vanguardia y se vio obligado a dar respuesta.

En los años setenta, sus letras eran la banda sonora de un continente que buscaba emanciparse: obreros, estudiantes, campesinos, mujeres, soñadores de toda América Latina encontraron en su música una promesa de justicia y dignidad. Escucharlo hoy, en un escenario colmado por generaciones que no vivieron aquellos años, es saber que los sueños de revolución y rebeldía continúan vigentes. El germen de la Nueva Trova se empezó a dar en ese contexto, cuando los nuevos compositores comenzaron a dar sus respuestas creativas.

Esto se concretó en una primera reunión y encuentro propiciado por la Casa de las Américas, la principal institución cultural cubana, que en 1967 permitió que se agrupasen en algo que se rebautizó como “canción-protesta”, donde no sólo convergieron Silvio y Pablo, sino que también se sumaron Eduardo Ramos y Vicente Feliú: un grupo no muy nutrido pero importante por las ganas y el entusiasmo. “Nos dábamos cuenta- reveló Silvió en un reportaje con el periodista Carlos Ares- de que por un lado el bloqueo yanqui nos impedía saber lo que pasaba afuera, y por otro la música tradicional, lo ligero u ortodoxo que escuchaban nuestros padres, no se adaptaba a los jóvenes que nos habíamos criado con la revolución. Eso produjo un fenómeno de estudio y de rescate de las raíces, de regreso a las fuentes, a la trova, a la identidad perdida”.

Entonces, el trabajo fundamental fue hacer coincidir la revolución con las raíces originales, con el folklore que se conservaba en la música popular. Pablo Milanés detallaba: “Fue un proceso espontáneo, se abrieron canales de estudio, se crearon escuelas, se investigó. Esto, claro, hay que integrarlo con todo lo que pasaba en ese momento. La identidad del pueblo cubano se buscaba en todos los terrenos, no sólo en el musical o artístico”. A día de hoy, los próceres musicales cubanos son la prueba de que la música tiene la capacidad de vencer al tiempo.

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