Libros para pensar la dictadura
Fue sin duda una de las experiencias más traumáticas de nuestra historia, con consecuencias sociales y económicas que aún siguen vigentes.
culturaFue sin duda una de las experiencias más traumáticas de nuestra historia, con consecuencias sociales y económicas que aún siguen vigentes.
24/03/2026 - 00:00hs
Dos libros recientemente publicados nos permiten ahondar en el significado de la dictadura cívico militar que asoló nuestro país desde 1976 a 1983. El primero de ellos, se titula Cómo gobernó la dictadura, y fue escrito por Alejandro Bonvecchi –sociólogo y doctor en gobierno por la Universidad de Essex- y Emilia Simison –licenciada, magíster y doctora en Ciencia Política-. El libro estudia los mecanismos empleados la dictadura para lograr el control de la población para hacer posible la implementación de sus políticas, y la manera en que el poder se compartió con distintas facciones para que ninguna de ellas terminara monopolizándolo. Los investigadores llegan a la conclusión de que fueron seis las facciones en cuestión, cuatro de ellas enraizadas en las tres fuerzas. Las otras dos facciones operaron transitoriamente, una liderada por el comandante en jefe de la Armada, Emilio Eduardo Massera, y la otra operaba en el Ejército bajo el liderazgo del general Albano Harguindegui.
Es un minucioso relevamiento del diseño institucional del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, la manera en que se organizó la política represiva –y sus resultados-, la asunción de las doctrinas sobre contrainsurgencia difundidas en la época. En el rastreo del modo en que las distintas facciones compartieron el poder, se resalta el papel cumplido por esa ficción de Legislatura que fue la CAI (Comisión de Asesoramiento Legislativo), encargada de canalizar el proceso decisorio de la Junta Militar.
Es muy interesante echar un vistazo a la participación de los civiles en la dictadura, y Nonvecchi y Simison, lo hacen. Con ejemplos concretos revelan los lobbys ejercidos que, con la Ley de Entidades Financieras llegaron a su apogeo. El alcance de la misma respondía indisimulablemente a las conveniencias del sector financiero: liberalización de las tasas de interés, aumento de la importancia de los bancos en el sistema, flexibilización de los requisitos para constituir entidades financieras. Cómo gobernó la dictadura, es una radiografía muy precisa acerca del funcionamiento de esa dictadura instaurada hace medio siglo.
Otra dupla, en este caso conformada por Luis Liberti –religioso y docente- y Federico Tavelli –historiador, politólogo y teólogo-, abordan la estrategia de la dictadura frente a la Iglesia argentina, en un libro titulado Confesiones de Estado. Desde la introducción los autores dejan en claro que el interés de la Dictadura “no era restablecer la paz, sino eliminar una ideología antagónica, que iba mucho más allá de la lucha contra los denominados grupos subversivos”. Apuntan al plan sistemático y clandestino que estuvo en los cimientos del terrorismo de Estado. La ilegalidad no como una consecuencia indeseada –un exceso- sino como algo inherente al método clandestino instrumentado para imponer un plan de gobierno.
El libro desmonta la mentira con la que se ungió la dictadura: estar enmarcada en la doctrina cristiana. Se explaya en la relación entre militares y eclesiásticos, diálogos, estrategias, complicidades y rupturas. En particular, se relata la relación entre Jorge Rafael Videla y Pío Laghi, la relación de confianza entre el dictador y el representante del Papa en Argentina, que llevó al militar a confesar un secreto de estado: el número de desaparecidos.
Rememora hechos luctuosos, como el crimen de los palotinos, perpertado el 4 de julio de 1976, en la casa parroquial de la iglesia San Patricio, en la ciudad de Buenos Aires, y la manera en que la Iglesia lo debatió y digirió puertas adentras. Es inevitable sentir repulsa por la postura de una jerarquía que, en boca del cardenal Primatesta señaló que la Iglesia no tenía críticas que hacer a la dictadura sino solo inquietudes. Pero también están presente coves como la del obispa de Viedma, Esteban Hesayne quien, regresada la democracia planteó la necesidad de efectuar una evaluación “de la actuación de la Iglesia en los últimos años” durante la dictadura. Confesiones de Estado se encarga de hacerla.