La aprobación de Trump se desploma y se acerca a una zona de riesgo político

Encuestas recientes lo ubican en torno al 35% de respaldo, con un creciente rechazo marcado por la guerra con Irán y el deterioro económico en Estados Unidos.

La imagen pública de Donald Trump atraviesa un marcado deterioro en su segundo mandato, con niveles de aprobación que se ubican en la mitad de los 30 puntos según múltiples encuestas recientes. Los datos reflejan no solo una caída sostenida, sino también una dificultad creciente para revertir la tendencia en un contexto atravesado por tensiones internacionales y problemas económicos internos.

El descenso encuentra un antecedente claro en la presidencia de George W. Bush, cuyo respaldo se desplomó durante la guerra de Irak. En el caso actual, el conflicto con Irán aparece como un factor determinante que erosiona la percepción pública y amplifica críticas sobre la conducción del gobierno.

Más allá de los niveles de aprobación, el dato que genera mayor preocupación es el aumento del rechazo. El promedio de desaprobación alcanza el 62%, una cifra que se mantiene elevada en distintos sondeos y que supera registros de momentos particularmente sensibles de su primer mandato. Esta consolidación del descontento sugiere un desgaste más profundo que en episodios anteriores.

La economía, uno de los pilares discursivos del presidente, también muestra señales de debilitamiento. La aprobación de su gestión económica cayó a niveles cercanos al 31%, mientras que la inflación se mantiene como uno de los principales focos de crítica, con cerca del 70% de desaprobación. El encarecimiento de los combustibles, vinculado a la crisis en Medio Oriente, refuerza la percepción negativa en amplios sectores de la población.

En política exterior, la evaluación tampoco resulta favorable. Alrededor de dos tercios de los estadounidenses cuestionan su manejo del conflicto con Irán, lo que evidencia un desgaste que trasciende lo económico y alcanza la estrategia internacional.

Si bien la polarización política sigue siendo un rasgo estructural del escenario estadounidense, la persistencia de estos indicadores coloca a Trump en una posición más vulnerable. Sin un cambio claro en la tendencia, el presidente se acerca a un nivel de desgaste poco habitual, que podría condicionar tanto su margen de acción como el clima político en los próximos meses.

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