entrevista

Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe: “El teatro es mágico, es único”

Los actores protagonizan una versión de la icónica película de Ang Lee que habla de identidad sexual y está más vigente que nunca.

Secreto en la montaña, que se ve en el Multiteatro, protagonizada por Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe, con producción de Adrián Suar, es uno de los sucesos de la temporada teatral porteña y hablamos con ellos para conocer detalles de la obra.

—¿Cómo están viviendo esta revolución? Salen, la gente les pide fotos, los acompaña. Y también hay algunos comentarios que vi en redes que tiran para abajo la propuesta, Cuéntenme un poco cómo están viviendo todo.

—Benjamín Vicuña: Bueno, justamente por lo mismo quisimos nosotros ilustrarlo. El asunto de cómo finalmente ese mensaje de odio es pequeño al lado de, por un lado, el sentido común y el amor, ¿no? Y el respeto y la dignidad. Y esta es una historia que invita a pensar y a subir la vara como sociedad, ¿verdad? A propósito de los tiempos. Creo que es una obra de teatro necesaria, que en su momento fue polémica, hoy es necesaria para dialogar, para compartir con las nuevas generaciones. No para bajar líneas, sino que para charlarlo, y para poner dos hombres en escenario y que se aman profundamente y que luchan por una historia de amor.

—Esteban Lamothe: Sí, bueno, eso, ¿no? Yo creo que la mejor política que uno puede hacer con estas cuestiones es contar la historia de amor desde lo más profundo, con el compromiso y con la entrega que lo estamos haciendo. Y lo que pasa es que la salida está buenísima, la verdad. Yo estoy muy agradecido de eso. También hay, después de tantas redes sociales, tantas cosas, en las otras obras de teatro no lo hacía tanto, pero esta es la primera vez que me quedo a la salida y, aunque sea mínimo, charlo un poquito con la gente, miro a los ojos a las personas que salieron de la sala y digo, qué bol..., ¿cómo me lo perdí antes? Porque es un momento breve, pero es lindo. Y más allá de la foto de la señora o el señor que vino de Moreno o de Salta, porque pasa mucho, de Chile, de Uruguay, es un ratito algo que está por fuera de la IA, está por fuera de la inteligencia, de todo, de las redes sociales, de la fotito, algo. Incluso gente que ni siquiera se saca foto, solamente te da un beso y un abrazo. Eso es hermoso.

—Y que les agradece.

—BV: A ver, y creo que también este fenómeno que estamos viviendo, no solo nosotros, sino que la calle Corrientes, o cómo nos estamos experimentando los actores, con lo que vivimos en el cine. Cómo el cine, lamentablemente, está viviendo un momento de crisis, no en lo creativo, sino que también en las audiencias, en qué pasa con los hábitos. Entonces decimos, che, no, el teatro no. El teatro es mágico, es único. Y una de las cosas que es quizás el mayor capital es que tenemos ese feedback, ese encuentro con el público. Entonces, de alguna manera, ese bonus track, que es salir y tener una conversación, mirarse a los ojos, pasó a ser como una marca registrada. Pasó a ser algo casi, te digo que hoy, imprescindible, necesario del teatro en Capital.

—La obra tiene, digo, está la historia de amor, el drama, digo, esto que no pueden llevar adelante, pero hay mucho humor también, ¿no? Estos tipo Matrix que hacen entre escenas de escena. Cuénteme un poco cómo, cuando les dijeron, bueno, vamos a hacer esto...

—EL: Bueno, eso estuvo bueno, por eso es una idea de Javier Daulte, porque en realidad había otras escenas ahí para contar. O sea, hay dos secuencias de fotos como congeladas en la obra.

—BV: Paso de tiempo.

—EL: Una para contar la amistad, la primera vez que Denis le ofrece a él subir él arriba con las montañas, con las ovejas y cuidarlas. Ahí se cuenta con fotogramas. Eso y la otra, la del enamoramiento. Es una idea absolutamente de Javier que está buenísima. No sé, está buenísima porque era difícil sino contar en una escena... Lo que estaba escrito no estaba mal, pero era difícil contar como el paso del tiempo y cómo va sedimentando primero esa amistad y el amor finalmente.

—BV: Sí, yo creo que humildemente... había que hacer una adaptación de una película tan bella y poética como la película Angelina. Y la verdad que yo tenía muchas dudas, se las planteé en el primer ensayo, en la primera reunión, a Javier y yo creo que lo que quisimos hacer todos es una adaptación para la calle Corrientes. Y como parte de esa adaptación, creo que fue fundamental, es un término curioso, pero como ablandarlo, acercarlo.

—Hacerlo solemne.

—BV: No hacerlo solemne. Porque si no, lamentablemente el público no nos da una chance. Y de hecho tenemos algunos chistes como parte de esta complicidad, como parte de este humor, que de alguna manera hacen que el público vaya entrando de a poco, se vaya entregando. Y finalmente, estamos muy orgullosos porque después de la hora 20, el público terminó entrando, disfrutando, conmoviéndose donde tenía que entrar. Pero parte de la adaptación, creo yo, a la calle Corrientes fue un poco eso.

—¿Creen que una de las claves del éxito es esto de que ustedes se conocían antes y que, digamos, transmiten el vínculo que tienen? Se ve ahí arriba del escenario.

—BV: Puede ser.

—EL: Sí, hay algo de eso. Hay algo de que somos dos autores, que nos conocemos, que nos venimos viendo actuar. De hecho, compartimos proyectos en los que prácticamente los personajes no se cruzaban. Pero también trabajamos mucho en los ensayos. Ensayamos cinco semanas, pero con un nivel de intensidad. Nos subíamos al escenario a las 2 de la tarde y nos bajábamos a las 6. O sea, parábamos y ni bajábamos del escenario. Íbamos a hacer pis, nos comíamos una banana, nos tomábamos un café y seguíamos ensayando.

—BV: De hecho, de los elogios más lindos que a mí me pasa con esta obra es que la gente disfrute y crea el vínculo. Hay un tema ahí como de... Y no es desde la vanidad del actor de hoy, pero me gusta mucho que la gente dice me creí todo, me emocioné, me conmoví. Y eso para mí es fundamental porque de parte de eso se trata.

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