entrevista
Juanchi Parodi: “La música electrónica no existiría si no fuese por la cultura de la comunidad queer”
El talentoso artista uruguayo habla sobre sus proyectos, deseos y ganas de seguir con la música.
Su sueño siempre tenía que ver con el arte, y sabía que Argentina iba cumplirle esas metas, pero antes, Juanchi Parodi, estudio abogacía, cruzo de país, y no paro más. En charla con diario Hoy desanda sus pasos y reflexiona sobre sus proyectos.
–¿Cuándo supiste que te querías dedicar a algo artístico?
–Siento que fue un deseo que estuvo presente desde que tengo uso de la razón pero que yo mismo me encargué quizás de guardarlo bajo la premisa de esto no es para mí o mira si esto no puede llegar a suceder, entonces nunca, nunca le di pie hasta los 21 o 22 años, que me animé a comprar mis primeros discos de DJ como un juguete y llegué a mi casa los conecté y no pude parar de usarlos hasta que amaneció y ahí fue donde me di cuenta de que había encontrado una forma de expresarme y desde ese día, no pude parar.
–Y ahí me decías por ahí que trataste de alguna manera de mantenerlo lejos ¿no? o sea ¿soñabas con otra cosa o hubo alguna otra actividad que si no hubiera sido artística vos dirías bueno me hubiera dedicado no sé medicina ¿Hubo algún sueño o algún camino recorrido antes de estar con la música?
–Sí, claro, yo soy abogado. Justamente, ese fue mi camino durante la gran parte de mi juventud que fue por la facultad de abogacía y para mí mi futuro era ese. No veía más que dedicarme a una carrera universitaria, más allá de que me guste la abogacía, pero sí, al principio en mi vida el camino era ese y un día apareció la música y me dio vuelta en la vida en todo sentido.
–¿En tu familia hay abogados?
–No.
–¿Y artistas?
–Artistas tampoco, soy el primero de mi familia, una familia muy grande y soy el primero que sigue este rumbo. Y yo entiendo que quise estudiar abogacía porque yo siempre tuve algo que me pasó también con el arte de querer comunicar, siempre quise expresar, argumentar.
–¿Y veías como que ahí estaba la veta?
–Y me parecía que esa era una forma, me parece que también justamente poder aplicar las leyes, yo siempre soy muy en pos de la libertad y de los derechos y de las expresiones libres y me parecía que es una forma también de dar a guardarlo y mucho más aún la música.
–¿Y fue difícil tomar la decisión de decir, bueno, voy por la música, dejo la abogacía de lado?
–Sí, fue súper difícil, fue súper difícil porque fue como asumir una nueva identidad en mí mismo, a mis 25 años, yo inclusive, soy uruguayo, me mudé a Buenos Aires en persecución de ese sueño y fue una decisión muy difícil de tomar porque también era muy incierto, pero motivado por una razón interna muy grande.
–Empezaste con la música y no paraste, ¿cómo es un poco un día en tu vida?
–Me dedico a la producción musical, entonces lo que pasó es que mi rutina, digamos mi 9 a 5, es lo que es producción musical, de nuevos tracks, siempre estar buscando nueva música y la separación de mis sets de los fines de semana.
–¿Y eso te ocupa cuánto tiempo del día?
–Mínimamente 8 horas y a veces mucho más, a veces mucho más y he llegado a tener formadas de más de 20 horas de trabajo porque yo además soy un obsesivo, entonces una vez que se me mete una idea, es como a veces empieza a ser una canción y no paga hasta que termino. O sea, te digo, yo soy muy nocturno y estoy muy acostumbrado a que amanezca y aparecen, me arranco a trabajar con los pajaritos y les saludo desde la mañana.
–¿Cuáles son tus referentes en cuanto a la música y particularmente a la música queer?
–La música electrónica no existiría si no fuese por la cultura de la comunidad queer, directamente. No existiría y sería un “embole” en varias formas de decirlo. Porque justamente en los momentos, en las épocas donde surgen los géneros principales como el tecno y el house, fue en la década del 70, los grandes pioneros de esos géneros musicales fueron personas pertenecientes a la comunidad y a espacios de la comunidad. Ya sea, por ejemplo, Frank Sinatra fue el padrino de la música house en el club icónico de Warhouse en Chicago. Él fue el que inventó la dirección física en cintas de bobina abierta para estructurar los ritmos de la pista, creando un nuevo género musical totalmente. Pero después, por otro lado, también existió Patrick Cowley, que él directamente creó lo que fue hacer música tecno con sintetizadores, que lo tomó del box sintético, creando lo que se llama el género Detroit, que en Buenos Aires es muy escuchado. Tanto el género como el Detroit de Buenos Aires, la mayoría de los clubes se dedican a hacer esa música. Yo los tomo como referentes. Por eso yo digo que los referentes de la comunidad queer no solamente participan dentro de la música electrónica, sino que crean música electrónica.
–Yendo a tu música, además de los temas que creás, bueno, tuviste la oportunidad recientemente de trabajar con Lali en la apertura de su show. ¿Qué te pasa cuando van apareciendo estos momentos, hitos en la carrera?
–Para mí son momentos más que increíbles, algunas cosas con las que soñé, otras con las que creo que directamente no me había animado a soñar, como por ejemplo trabajar con Lali, que la admiro desde que soy niño. Y son momentos que además de cenarme de gran alegría, solamente me reconfirman que tomé una decisión correcta al perseguir este sueño de poder trabajar con la música, y siempre es un impulso a crear más.
–¿Hay algún artista con la que te gustaría trabajar?
–Sí, si se me permitiese soñar, con Lali volvería a trabajar todas las veces que ella quiera, y con una gran referente en la música electrónica, sería poder trabajar con Débora De Luca, que es mi mayor referente dentro de la música electrónica, una mujer productora que también creó un nuevo género, y que ella con su forma de ser y forma de crear vive rompiendo estas barreras y estos juicios. Entonces sería un sueño máximo poder trabajar con ella.
