Cultura

Carmen Miranda, de Brasil a Hollywood

Durante tres décadas fue una cantante de inmensa popularidad, reconocida por su característico y personal atuendo, su exceso de maquillaje y la cabeza coronada por una torre de bananas

Interés General

11/05/2024 - 00:01hs

En muchas partes del mundo Brasil se hizo conocido gracias a ella. Faltaba mucho para la explosión mundial del fútbol brasileño, cuando esta portuguesa –que ya a los diez meses de edad se afincó en Brasil-, cautivaba un vasto público internacional, sacudiendo el brillo de sus lentejuelas y collares, ondulando su cuerpo sobre un fondo de paisaje tropical de cartón. Sobre su cabeza podía lucir una corona de bananas, o un tocado arquitectónico de flores o adornos navideños. Lo cierto es que nadie que la mirara podía confundirla con otra persona.

María do Carmo Miranda da Cunha –su padre la bautizó Carmen, por su pasión por la ópera homónima de George Bizet-, comenzó su carrera como cantante a fines de la década del veinte, con el éxito Para vocé gostar de mim, que a la semana había vendido cuarenta mil copias. Le alcanzaron seis meses para convertirse en la cantante más famosa de Brasil. En la década del 30 hizo una gira por nuestro país, ganándose una inmensa popularidad. Se formaban colas interminables para escuchar a esa mujer descripta así por Eduardo Galeano “esa petisa zafada tiene poca voz, y la poca que tiene desafina, pero ella canta con las caderas y las manos y con las guiñadas de sus ojos, y con eso le sobra”.

Su éxito a escala mundial se produciría con la película Banana da terra, en la que aparecería por primera vez con una verdadera frutería sobre la cabeza. En febrero de 1939, mientras actuaba en el muy exclusivo Hotel Casino da Urca, de Río de Janeiro, acompañada por el grupo Bando da Lua, el magnate Lee Shubert la contrató para que junto al dúo Abbott y Costello fueran las atracciones principales del espectáculo The Streets of Paris, que se estrenaría en Broadway. La prensa norteamericana la presentó como “La Bomba Brasileña”, y a partir de allí su éxito fue incontrolable. Fue elegida la tercera personalidad más popular en Estados Unidos, y asiduamente era invitada por el presidente Franklin Roosevelt para amenizar las cenas con diplomáticos en la Casa Blanca. Pasó a convertirse en la cantante mejor pagada de Hollywood, con una fortuna que le permitió comprarse diez mansiones y ocho pozos de petróleo. Las catorce películas que hizo para Hollywood fueron éxitos de taquilla, y fue la primera sudamericana en ser distinguida con una estrella en el Paseo de la Fama del Hollywood Boulevard. La prensa estaba enamorada de ella. Según las encuestas, estaba entre las personalidades más populares de los Estados Unidos. Su imagen aparecía en dibujos animados como Tom y Jerry o Popeye. El Daily Mirror dijo: “Labios aparentemente exóticos de Carmen Miranda son tan fascinantes como las manos”. Fue tal el reconocimiento que alcanzó que al presidente Roosevelt la agasajó en la Casa Blanca y Disney creó un personaje inspirado en ella, José Carioca, un papagayo con sombrero, amigo de Pato Donald y Panchito Pistoles. Se convirtió en el principal producto de exportación del Brasil. El café venía después.

Pero sucedió algo en su vida que la desbarrancó. Fue víctima del macartismo. No por sus ideas políticas –que nunca hizo públicas- sino por ser acusada de obscenidad. El senador Joseph Mac Carthy no le perdonó que durante una filmación, en pleno baile, la cámara delatara que no tenía nada bajo la pollera. La prensa publicó en cadena las fotos. La condena a la descarada fue unánime. Se cancelaron los contratos de una larga gira norteamericana que la esperaba. Ya no hubo más películas. De nada sirvió que en la infancia hubiera concurrido a la escuela en el convento de Santa Teresa de Liseux, ni de sus grandes donaciones caritativas. La suerte estaba echada.

Amasó una fortuna que le hubiera permitido ser rica durante varias vidas. Se hizo dueña de una empresa petrolera junto a dos de sus amigos de Hollywood: John Wayne y Clark Gable. Cuando se hartó de la Fox, rescindió el contrato, pagó una indemnización sideral y se fue a trabajar con su admirado Groucho Marx en la película Copacabana.

Carmen Miranda murió de un infarto, en su mansión Beverly Hills, el 5 de agosto de 1955, luego de una actuación televisiva. Su empleada la encontró con un espejo en la mano. Tenía 46 años. Brasil declaró luto nacional y durante ese día en la radio solo se escucharon sus canciones.

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