cultura

Entrevista a Silvia Pérez Cruz

La cantante y compositora catalana volverá a presentarse en nuestro país, trayendo nuevo material y la magia de siempre.

La cita será el 29 de agosto en el Teatro Opera de Buenos Aires. Silvia Pérez Cruz ya es una visita habitual, de esas que se esperan con avidez y gratitud. Una voz privilegiada capaz del desgarro visceral y los más sutiles arabescos. Le descubre a cada canción su matiz más oculto y su más secreta sangre. Todo lo que nace de ella está prendado de su espíritu y de su propia historia. Regresa a nuestro país trayendo un disco nuevo y temas ya clásicos de su repertorio.

—¿Cuál es el recuerdo más antiguo que tenés de Argentina?

— El primer vuelo internacional que hice a Argentina para cantar. Llegué de noche y en el aterrizaje vi a Buenos Aires con todas las luces, como si fuera un vestido de lentejuelas. Sentí la emoción de dedicarme a la música y llegar a Buenos Aires para cantar.

—¿Qué sabías entonces de Argentina, en particular, de su música?

—A los 8 años mi padre me puso "Alfonsina y el mar", la versión de Mercedes Sosa y cambió mi manera de cantar para siempre. Creo que buscando gustarle a mi padre hubo cierto repertorio que se vio afectado por esa canción. Luego, justo antes de ir a Buenos Aires, estaba en un proyecto con Ernesto Snajer, Tiki Cantero y Guido Martínez, que presentamos primero en Cataluña. Un proyecto que se llamaba Migraciones y hablaba de la música de inmigración entre ambos países. Entonces cantaba "Laura va", "Solo se trata de vivir". Conocí cosas del folklore y del pop, aparte de muchos músicos argentinos que en 2001 viajaron a Barcelona. El resumen sería Alfonsina, una samba y el leguero.

—¿Qué percibiste en esa interpretación de Mercedes Sosa que tanto te impactó?

—Me abrió una puerta, un mundo. Me atravesó. Tan rotunda, tan de la tierra, tan inmortal, tan de todos. Me cautivó esa capacidad de ser una voz tan amplia que abraza a un pueblo entero. Ahora soy más consciente de cómo me llega el folklore vuestro, porque ya he cantado más músicas del mundo. Después del disco que grabé con Juan Falú, donde hacíamos zambas, chacareras, comprobé que hay ahí un repertorio muy generoso que a mí me hizo sentir bienvenida en sus canciones; y mi voz ha podido ser más libre con vuestra poesía y vuestra melodía.

En el recuento que hiciste de músicas argentinas que hiciste no incluiste el tango.

No he conocido tantos músicos de tango. Me acuerdo una versión de Maite Martin, que es una cantadora flamenca, que hacía una versión con Tete Montolivo al piano de "Nostalgia", que es un tango que años después, escuché en un bar pequeño de Buenos Aires, donde había un chico que tocaba el bandoneón. Salí del bar y pensé: un día tengo que cantar acompañada con un bandoneón. Decidí no dejarlo para más adelante, averigüé el teléfono de ese chico y lo invitamos a tocar. Así canté "Nostalgia", con un bandoneón, que fue una experiencia brutal.

—¿Encontrás similitudes entre el tango y el folklore?

—Encuentro muy diferentes la energía del tango y del folklore. Pero me parecen hermosos los dos. Es verdad que he conocido más el folklore, soy muy amiga de Juan Quintero y Luna Monti. Cuando canté con Liliana Herrero, también apareció el chamamé.

Mi relación con músicos de tango no pasó más que con ese chico que tenía una pasión dedicadísima por su instrumento.

—Mencionaste el disco que grabaste con Juan Falú, con quien compartiste también una gira el año pasado, ¿qué te dejó la experiencia de hacer dupla con él?

—Fui muy feliz al lado de Juan. Creo que nos hacemos libres el uno al otro. Te sientes a salvo delante de cada silencio y sabes que siempre estará al otro lado, esperándote. Es mi guitarrista favorito del mundo: la capacidad que tiene para el contrapunto, cómo va componiendo, hilando una melodía con otra, sus silencios - todo lo que no dice-, y cuando decide poner el compás del ritmo, te parte el alma.

—En este viaje a Argentina vas a traer material nuevo. Contanos de qué trata.

—Cada tres años, más o menos, sale un disco de canciones propias, como es el que vengo a presentar. En este caso se llama "Oral Abisal" y habla de dos texturas: una parte más familiar, llamada Oral. Una historia de amor, representado con las maderas, las cuerdas, con canciones con más armonías, letras más elaboradas y con una voluntad de canto colectivo. Y la segunda parte es Abisal, que es ya lo desconocido, la búsqueda de nuevas texturas, otros colores, armonías más simples, letras más sociales , más representado por los metales, las trompas, las flautas.

—¿Cómo será el acompañamiento musical en vivo?

—En Buenos Aires actuaré con todos los músicos: En toda la gira de Latinoamérica iré con cuarteto, pero tengo una relación tan íntima, tan especial, con Argentina que me apetece darles las gracias con todo el espectáculo entero. Entonces habrá tres trompas, cuatro cuerdas, tres flautas y ochos mujeres cantando de coro.

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