CULTURA

José Martínez Suárez, el hermano talentoso de Mirtha Legrand

Dirigió siete películas, algunas de las cuales quizás sean recordadas por más tiempo que los famosos almuerzos.

Interés General

28/05/2022 - 00:00hs

Su madre era argentina; su padre, español; de esa pareja nació en Villa Cañás, Santa Fe, el 2 de octubre de 1925, José Martínez Suárez. Cuatro años después nacerían las mellizas Mirtha y Silvia Legrand. En el pueblo solo había tres cines. Eran los tiempos en que, más que ir a ver una película, se iba al cine: “Recuerdo, por ejemplo, el placer que fue cuando La Española decidió dar funciones los viernes a la tarde, con lo cual después del colegio había cine”. Recuerda tener tan solo 5 años y esperar ansioso la llegada del camión que traía las películas desde Rosario para la función de las 17. Su madre le hizo estudiar piano durante diez años, pero con la música nunca pudo dar el salto del deber al placer.

José Martínez Suárez vivió muy intensamente la etapa de la Guerra Civil Española. Hasta el día de su muerte su padre, José Martínez, fue presidente de la Comisión de Ayuda a la República Española en la provincia de Santa Fe. Las canciones de esa época lo ­marcaron durante toda la infancia. Solía acompañar con el piano a su padre cuando cantaba esos temas nacidos en las trincheras republicanas, y que su hermana, muchos años después, en la mesa de sus almuerzos hubiera considerado “demasiado comunistas”. José a los diez años era capaz de subirse a una mesa para decir discursos políticos a favor de la República Española: “El faro de luz que ilumina a las futuras generaciones y que nos dará la libertad ante este oprobio que estamos viviendo”.

A los 12 años se mudó con su madre y sus hermanas a Rosario. Tras la muerte del padre, decidieron radicarse definitivamente en Buenos Aires, en el barrio de La Paternal. Sus hermanas fueron quienes empezaron ­primero con la actividad cinematográfica: “Eso motivó que yo tuviera que acompañarlas a los estudios”. En el verano de 1949 consiguió su primer trabajo en una película, como asistente de dirección de Un hombre solo no vale nada. Desde entonces no se separó más del cine.

Le gustaba trabajar rodeado de amigos: “Antes que elegir al mejor colaborador, elijo al mejor amigo que sepa de técnica”. Con la solitaria excepción de Los chantas, una película de 1975 que escribió con Gius –el guionista de Yo soy porteño–, ninguno de sus filmes le reportaron ganancias económicas. La única película de la que se avergonzó es Viaje de una noche de verano, de 1965, que codirigió y que fue considerada por la crítica “una de las más desacertadas de la historia del cine argentino”. Para ayudar a que se olvidara ese traspié, se radicó en Chile durante seis años.

Su hija, María Fernanda, cuando tenía 23 años fue secuestrada durante la última dictadura junto a su marido, Julio Panebianco. Ella fue liberada, él continúa desaparecido. El apoyo que desde la televisión su hermana daba a los militares hizo que la distancia entre ambos se ensanchara al límite. Con el tiempo, el humor permitió la convivencia: “Ella es la hermana que almuerza. Tengo otra hermana que también almuerza, pero en su casa. Formamos un trío imposible de enfrentar, conformamos la fuerza de la humanidad”.

En 2002, a este hombre que decía estar “hecho de cine” le fue entregado el Premio Cóndor de Plata a la trayectoria por parte de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, el máximo reconocimiento del cine en el país.

José Martínez Suárez tuvo un taller de enseñanza de fama internacional, en el que se realizaron más de 120 cortometrajes premiados en festivales de todo el mundo, y del que fueron alumnos, entre otros, Lucrecia Martel y Juan José Campanella. Desde 2008 hasta su muerte presidió el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

La diva de los almuerzos no fue al entierro de su hermano, quien murió el 17 de agosto de 2019. Las mujeres, el cine y Racing fueron sus pasiones. Pero José Martínez Suárez deseaba ser recordado solo por la primera. Una vez dijo que quería que su lápida tuviera el siguiente epitafio: “Aquí yace José ­Martínez Suárez. No se acostó con todas las mujeres con las que hubiera querido ­acostarse”.

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