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Julio Cortázar, un cronopio en el cine

El gran escritor argentino fue autor también de dos guiones de cine, La sombra del pasado y Circe, y varios de sus relatos fueron llevados a la pantalla grande.

Interés General

26/12/2020 - 00:00hs

Manuel Antín entró al mundo del cine guiado por los relatos de Julio Cortázar. Su ópera prima –de 1962– fue La cifra impar, basada en el cuento “Cartas de mamá”. Se trata de la historia de un hombre en París que, con cada carta que recibe de su madre desde Argentina, cambia su vida devolviéndolo al pasado como un duro rebote de pelota. Pese al revés asestado por la crítica, que consideró a la película “afrancesada” y “carente de argentinidad”, Antín no cejó en su empeño de llevar al cine los cuentos de Cortázar. Por eso, dos años después, tomó un relato de Bestiario para hacer Circe –con Graciela Borges–, y al año siguiente amalgamó en una sola película dos cuentos de Final de juego para rodar Intimidad de los parques, con Dora Baret y Francisco Rabal. Las películas de Antín permitieron difundir la literatura de Cortázar entre públicos más amplios.

En 1966, Michelangelo Antonioni decidió adaptar “Las babas del diablo”. Le escribió a Julio Cortázar diciendo que ese cuento era exactamente lo que estaba buscando hace años para hacer un filme. La película se llamó Blow up, y ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes. Antonioni se acercó a la poética del cuento, pero se alejó del argumento. Dijo el director: “No me interesaba tanto el argumento como el mecanismo de las fotografías. Descarté aquel y escribí uno nuevo, en el que el mecanismo asumía un peso y un significado diversos”. Valga la mención de dos curiosidades: contiene el primer desnudo frontal íntegro femenino, y uno de los vagabundos que aparece en el álbum del fotógrafo es el propio Julio Cortázar.

Un año después, Jean-Luc Godard rodó Week-end, basado en “La autopista del sur”, un relato en el que proliferan historias que se van tejiendo entre automovilistas en la larguísima columna inmóvil del embotellamiento de una autopista. El cuento, de indudable im­pronta cinematográfica, también fue trasladado al cine por el italiano Luigi Comencini y, posteriormente, por el inglés Joe Massot –película financiada por la productora de los Beatles, Apple–, cuyo guion fue escrito por el cubano Guillermo Cabrera Infante.

Julio Cortázar fue un gran admirador de Luis Buñuel. En una carta de 1962, dirigida a Manuel Antín, escribió: “Vi El ángel exterminador, y estoy de vuelta en casa, y todo, absolutamente todo me da vuelta, y te estoy escribiendo con una especie de pulpo que va y viene y me arranca las palabras con las patas y las escribe por su cuenta, y todo es increíblemente hermoso y atroz y entre rojo y mujer y una especie de total locura.

Manuel, exactamente como lo quiere Luis Buñuel, ese enorme hijo de p... al que estoy apretando en este momento contra mí”. En ese cine vislumbraba un camino por el que tanto le hubiera gustado que sus historias caminaran.

Buñuel ya lo había deslumbrado con Los olvidados –película que comentó para la revista Sur–, en la que el personaje, El Jaibo, escapa de un correccional y vuelve entre los suyos, a la pandilla sin dinero y sin tabaco, quitándose la niñez de encima con un sacudón de hombros, y trayendo consigo la sabiduría de la cárcel, el deseo de venganza, la voluntad de poderío: “Entra en su arrabal al modo del alba en la noche, para revelar la figura de las cosas, el color verdadero de los gatos, el tamaño exacto de los cuchillos en la fuerza exacta de las manos”.

El director español quiso llevar al cine “Las ménades”, una historia cortazariana de músicos que caen en posesión de sus admiradores y señoras que devoran a un director de orquesta. En una carta a Antín, le relata su encuentro con Buñuel en París: “Naturalmente, es un cronopio descomunal. Lo primero que me dijo fue que había hecho bien en pedir cuatro mil dólares, y que no aflojara ni en un centavo por debajo de tres mil. Agregó que se iba a México a preparar el guion, y que filmaría en España en el mes de junio. Me invitó a ir a ver filmar Las ménades, invitación que, de acuerdo con mi misantropía habitual, declinaré llegado el momento (a menos que fuéramos con vos, si andás por acá, en cuyo caso me parecería perfecto)”. Finalmente, la película no pudo realizarse.

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