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Secretos de Punta Lara

El balneario de Ensenada fue inspiración de un visionario empresario uruguayo que promocionó el turismo en ambos márgenes del Río de La Plata.

Interés General

07/03/2024 - 00:00hs

A los 86 años, murió en Montevideo Francisco Piria, el hombre que intentó hacer de Punta Lara la segunda Piriapolis. El proyecto comenzó a concretarse en 1926, no bien Piria adquirió el establecimiento de la Caja de Crédito Hipotecario, que a su vez obtuvo como consecuencia del concurso de Luis Castells (un banquero dedicado a los negocios de importación y exportación), el antiguo propietario cuyos dominios se extendían hasta Villa Elisa, que se suicidó en 1897. El establecimiento contaba con 4.887 hectáreas dedicadas a la ganadería y donde Castells tenía un haras con todas las instalaciones cuidadosamente montadas, para la cría de pura sangre de carreras.

También, la edificación central, que eventualmente se conoció por el Palacio Piria, fue construido por Castells por la época del Centenario, y el mismo era visitado con frecuencia por el general Roca, pariente del hacendado, y otras familias pertenecientes a la más tradicional aristocracia porteña. Piria, hombre de empeño que había levantado ciudades balnearias como Piriapolis, sobre la costa uruguaya, que en un principio fue una localidad agroindustrial y que recién a principios del siglo XX se erigió como propuesta turística, al vencer en la batalla contra las caprichosas montañas de arena. Piria se dio cuenta de inmediato de las condiciones y del porvenir de Punta Lara, para hacer en la capital de la provincia de Buenos Aires una gran ciudad balnearia.

Francisco Piria nació en Montevideo en 1847, hijo de un piloto de la flota francesa en el Río de la Plata. Quien murió en Italia cuando él solo contaba seis años. Apenas tiempo después, murió su madre durante la epidemia de fiebre amarilla. En 1860 volvió a la capital uruguaya para evitar enrolarse en el ejército italiano. Lo cierto es que se convirtió en el primer promotor turístico del país. Llegando a finales del siglo XIX, Piria consideró que los precios de todas las tierras estaban sobrevaluados, y para aprovechar, decidió venderlo todo. Lo hizo a través de la Compañía Nacional de Crédito de Emilio Reus, un español que había emigrado a Uruguay. Tiempo después de la quiebra del banco de Reus, Piria volvió a comprar las mismas tierras a la tercera parte de lo que las había vendido. Con ese movimiento triplicó su fortuna, fundó barrios en Montevideo e hizo numerosas construcciones. Con ese capital, fundó el pueblo Joaquín Suárez, Canelones, y comenzó la construcción de una ciudad en Argentina: Punta Lara, para unirla con Colonia a través de un puente.

El primitivo chalet de Castells fue refaccionado por el nuevo propietario con el fin de destinarlo a las grandes recepciones de la sociedad platense y a un centro social acorde con el rango de la ciudad. En ese contexto, comenzó a estudiar un plan de 70 kilómetros de caminos, a través de su campo, y a su exclusivo costo, que desde distintas direcciones permitiera el acceso de la población directamente a las playas de Punta Lara. Una avenida Alsina uniría Punta Lara con Gonnet (entonces Adolfo Alsina), y la avenida Libertad comunicaría Ensenada con el balneario y también con el camino Rivadavia, rectificando vericuetos y curvas del viejo camino de tierra que cruzaba las vías del ferrocarril, salvando con dificultad el terraplén de los automóviles con el peligro consiguiente, sobre todo en épocas de lluvia. Donó cuatro hectáreas para la estación Punta Lara frente al ya mencionado chalet Piria.

En total, empleó 100 obreros para arbolar, a su costo, las avenidas Alsina y Libertad, y la prolongación de la diagonal 80, así como toda la orilla del río. Rubio, menudo, ágil y movedizo, Francisco Piria era visto con su bastón y el clásico rancho de paja por los despachos de la Casa de Gobierno, tratando de convencer a los funcionarios sobre la necesidad de que aprobaran el plan de urbanización propuesto: Punta Lara sería el mejor balneario de ambas orillas del río. Sin embargo, sus gestiones no encontraron eco. Posiblemente porque se trataba de un visionario español y no un mercader inglés.

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