El RIGI y el espejismo de las inversiones

El régimen estrella del Gobierno acumula beneficios extraordinarios, pero persisten dudas sobre su capacidad de atraer capital al país.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), presentado por el oficialismo como la llave para atraer capitales internacionales, enfrenta crecientes cuestionamientos. Informes de bancos globales como JP Morgan advierten que el esquema podría limitarse a relocalizar proyectos ya previstos bajo condiciones más favorables, sin generar inversión genuina. La entidad destacó que el alcance del programa resulta “acotado y preciso”, ya que exige que las empresas demuestren actividades inexistentes en el país o apenas experimentales, lo que restringe el universo de proyectos elegibles.

El Gobierno apuesta a que el nuevo régimen diversifique la matriz exportadora y reduzca la dependencia de sectores tradicionales como el agro o la energía. El contexto actual, lejos de disipar las dudas, las profundiza. Según un documento de Misión Productiva, a casi un año de su aprobación, las inversiones efectivamente realizadas representan menos del 5% de los compromisos anunciados. El informe ubica a la Argentina última en la región en materia de inversión extranjera directa durante 2025.

El RIGI ofrece beneficios extraordinarios como reducción del Impuesto a las Ganancias, baja de contribuciones patronales, libertad cambiaria, exención de derechos de exportación e importación y estabilidad normativa por treinta años. Sin embargo, detrás de esa arquitectura de privilegios lo que sigue ausente son las inversiones.

El contraste es evidente: mientras el Gobierno celebra un marco legal “superior”, los números muestran que la supuesta “lluvia de inversiones” sigue siendo apenas un espejismo.

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