La Justicia decretó la quiebra de Sancor y Garbarino

Los tribunales rechazaron salvatajes y ordenaron liquidar activos de dos firmas emblemáticas en un contexto de ajuste y recesión prolongada.

La Justicia argentina resolvió en los últimos días la quiebra de dos empresas que durante décadas fueron símbolos de distintos sectores productivos. Por un lado, el tribunal de Rafaela decretó la liquidación de Sancor, la tradicional cooperativa láctea santafesina. Por otro, el Juzgado Nacional en lo Comercial Nro. 7 de la Capital Federal dispuso el cierre definitivo de Garbarino, la histórica cadena de electrodomésticos. Ambas decisiones marcan el desenlace de crisis prolongadas que no lograron revertirse pese a múltiples intentos de reestructuración y se inscriben en un escenario económico más amplio de deterioro.

Continuidad operativa en riesgo

En el caso de Sancor, la propia compañía había solicitado la apertura del proceso ante un pasivo superior a los 120 millones de dólares y un atraso salarial que superaba los ocho meses. El fallo descartó la aplicación del mecanismo de salvataje previsto en la Ley de Concursos y Quiebras, y avanzó directamente hacia la instancia de liquidación. La sindicatura deberá definir qué plantas podrán sostener su funcionamiento de manera transitoria, mientras se preservan los activos para su venta.

La resolución establece una continuidad acotada en aquellos establecimientos que aún mantienen contratos vigentes, aunque será transitoria. Los salarios generados durante esta etapa tendrán prioridad de pago, pero la incertidumbre domina entre los trabajadores que acumulan meses de haberes impagos.

Un desenlace inevitable

En paralelo, Garbarino también llegó a su final tras años de derrumbe comercial. Fundada en 1951, la cadena llegó a tener más de 200 sucursales y 4.500 empleados, pero desde 2021 se encontraba en concurso preventivo. La Justicia dispuso ahora la liquidación final, luego de que fracasaran las negociaciones con posibles inversores y se redujera su estructura a apenas tres locales en la Ciudad de Buenos Aires.

El derrumbe simultáneo de Sancor y Garbarino expone la fragilidad de dos modelos empresariales que fueron referentes en sus rubros. La falta de inversiones, la caída de la demanda interna y la pérdida de mercados externos terminaron por sellar un desenlace que parecía inevitable.

En un contexto de crisis general que golpea a múltiples sectores, el futuro de miles de trabajadores dependerá de la liquidación de activos y de la eventual aparición de compradores dispuestos a sostener las operaciones.

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