La morosidad récord desarma el relato libertario

Mientras el oficialismo insiste con el discurso de recuperación, crece el endeudamiento y millones de familias recurren a créditos para comprar alimentos.

La recuperación económica que impulsa el Gobierno enfrenta un obstáculo cada vez más visible en la vida cotidiana de millones de argentinos. Mientras el oficialismo sostiene que la estabilidad macroeconómica y el crédito serán motores de una nueva etapa de crecimiento, los indicadores muestran un escenario marcado por el aumento de la morosidad, la pérdida del poder adquisitivo y el avance de los préstamos informales para cubrir gastos esenciales, incluso la compra de alimentos.

Un sistema que expulsa a los deudores

Los últimos relevamientos del sistema financiero reflejan que la mora de las familias alcanzó niveles récord. Distintas estimaciones ubican a más de 5 millones de personas con dificultades para cumplir sus obligaciones crediticias, una situación que limita el acceso a nuevos préstamos bancarios y deja a una porción creciente de la población fuera del sistema financiero formal. La situación se agrava por la persistente pérdida del ingreso, el crecimiento de la informalidad laboral y el aumento de gastos esenciales como transporte y servicios.

Como consecuencia, millones de personas quedan marginadas del crédito bancario y recurren a alternativas mucho más costosas y riesgosas, con intereses muy superiores y escasa regulación.

Endeudarse para comer

En paralelo, un informe de la Defensoría del Pueblo bonaerense reveló que seis de cada diez hogares tomaron algún crédito durante el último año y que una parte importante recurrió a préstamos informales. La alimentación aparece como el principal destino de esas deudas, especialmente entre quienes acceden a financiamiento fuera del circuito tradicional.

Asimimo, el 74% de los hogares que tomaron préstamos continúa endeudado y ocho de cada diez reconocen dificultades para afrontar los pagos. En ese contexto, el recurso al crédito dejó de ser una herramienta para impulsar el consumo y pasó a convertirse en un mecanismo de supervivencia.

El deterioro de las finanzas familiares contrasta con el discurso oficial sobre una recuperación sostenida. Mientras el Gobierno apuesta a que el crédito reactive el consumo, la realidad muestra que una parte creciente de la población ya no puede acceder al sistema formal y termina endeudándose para cubrir necesidades básicas.

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