Santilli asumió como jefe de Gabinete tras el escándalo Adorni

El Presidente encabezó la jura en Casa Rosada en un contexto de fuerte desgaste dentro del oficialismo.

Diego Santilli juró este martes en la Casa Rosada como nuevo jefe de Gabinete en reemplazo de Manuel Adorni, quien renunció acorralado por las denuncias de enriquecimiento ilícito y el desgaste político que golpeó al oficialismo. La ceremonia fue encabezada por Javier Milei y contó con la asistencia de varios gobernadores, en un gesto de respaldo que buscó dar aire a una administración debilitada por la crisis. La salida de Adorni dejó expuesta la fragilidad del Gobierno y la falta de controles sobre sus funcionarios, mientras que la llegada de Santilli intenta mostrar capacidad de reacción en un escenario marcado por la desconfianza.

El flamante ministro coordinador, exministro del Interior, asumió en un acto breve en el que Milei lo presentó como la figura que deberá ordenar la gestión y recomponer los vínculos con las provincias. La presencia de gobernadores fue interpretada como un intento de dar legitimidad a un recambio que no surge de la fortaleza política, sino de la necesidad de contener el deterioro institucional. El oficialismo buscó mostrar unidad, aunque la sombra del escándalo de Adorni sigue pesando sobre la Casa Rosada.

Un recambio forzado

La renuncia de Adorni se produjo tras semanas de presión judicial y política que hicieron insostenible su permanencia. El exfuncionario deberá enfrentar a la Justicia sin fueros ni privilegios, mientras el Gobierno intenta cerrar un capítulo que dañó su credibilidad. La designación de Santilli representa la cuarta asunción en ese cargo desde el inicio de la gestión de Milei, un dato que refleja la inestabilidad interna y la dificultad para sostener un rumbo claro.

Recomponer la gestión

Tras la jura, Santilli ofreció una rueda de prensa en la que prometió continuidad de las reformas y coordinación con los gobernadores. Habló de una transición ordenada y de la necesidad de avanzar en un esquema federal.

El discurso buscó transmitir calma, pero no logró disipar las dudas sobre la capacidad del Gobierno para recuperar iniciativa. La oposición cuestionó el desgaste del consenso social y advirtió que la crisis expone la falta de un proyecto sólido. El oficialismo insiste en que la batalla cultural sigue vigente, aunque la realidad muestra un escenario de creciente desgaste y tensiones que ponen en jaque la gobernabilidad.

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