En el adiós del técnico, el Millonario se impuso por 3-1 en el Monumental con goles de Martínez Quarta , Driussi y Freitas. Mauro Méndez había puesto el empate parcial para el elenco de Pedro Troglio. Además de las ovaciones para el Muñeco, hubo insultos para el equipo.
Se terminó la segunda “Era Marcelo Gallardo” en River, un momento impensado hasta hace poco, cuando arrancó el Torneo Apertura con dos victorias. Con un 3-1 sobre Banfield con muchos pibes en cancha por la séptima fecha, el ídolo dijo adiós en un Monumental que se cansó de ovacionarlo... y de repudiar a los jugadores con insultos y silbidos aún desde antes del partido.
Tanto Lucas Martínez Quarta, al abrir la cuenta en el inicio, como Sebastián Driussi, al marcar el segundo en el arranque del complemento, fueron en el festejo a abrazar al entrenador, que pasó la velada con gesto adusto. Mauro Méndez puso el empate parcial y Joaquín Freitas el resultado final. Punto final para el Muñeco, que por lo menos logró cortar con un triunfo la racha de tres derrotas en el certamen que sentenciaron su ciclo.
Un Gallardo que llegó a ser estatua de seis toneladas y media. Pero que demostró ser humano. Y falló en las decisiones, en cambios, en elecciones de mercados multimillonarios para las escalas argentinas y que no tuvieron rédito. Y que luego de intentar “recuperar el espíritu” como lo había prometido al volver en 2024, de ver que nada de lo proyectado salió. Y que, entonces eligió el adiós como proceso sanador ante una realidad que el domingo sintió irreversible: la falta de respuestas de ese mismo plantel que modeló para competir por todo en las últimas horas de febrero decantó en despedida.
Los jugadores quedaron bajo la lupa en una tarde donde la emoción por Gallardo convivió con el enojo hacia el plantel.
Si el homenaje al entrenador estuvo cargado de afecto, el clima con los futbolistas fue muy distinto. Los ánimos de los riverplatenses vienen caldeados desde el segundo semestre de 2025, cuando los resultados y los rendimientos comenzaron a alejarse de las expectativas.
Antes del inicio del encuentro, cuando la voz del estadio nombró a los jugadores, con la particularidad de que se presentó primero a River y no a los visitantes, y con 45 minutos de antelación, se escucharon silbidos generalizados.